miércoles, 22 de junio de 2005
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Los animales son de Dios
La bestialidad es humana.

Víctor Hugo.


Es simple. Las matanzas de focas en Canadá son un asunto con jiribilla que para empezar tienen un signo: 150 millones de dólares, more or less. A eso equivale el mercadillo, y pos weno, hay que pugnárselo. Es una larga cadenita que no va a parar aunque a algunos les haga pensar, a otros les cause lástima y a los más les haga vomitar gilipolleces.

Y en ese link de barbarie pura juegan un papel destacadísimo el dinero, los intereses de grupo, el gobierno, las organizaciones pesqueras, la crueldad, el ciudadano común y el importamadrismo (¿cuántas veces he oído esto?), donde el gran reino animal, en apariencia, es el pagano. Y hasta el final, como una cola de ratón, como la parte más olvidada, están los ecosistemas, que son los que mantienen al planeta con vida. ¿Y en dónde estamos nosotros, me pregunto?

Dije que es simple: el gobierno no controla la pesca indiscriminada del bacalao por parte de los grupos de interés, sean canadienses o de otras latitudes, que no es lo mismo pero es igual. Esto provoca cada año un gigantesco quebranto en el stock de bacalao y entonces vienen las quejas y las presiones. ¿Para quien? Para el mismísimo gobierno. Y es aquí donde se dá la salida fácil: se culpa a las focas (que no pueden defenderse de los discursos ni de los palos) por alimentarse “excesivamente” de bacalao, por disminuir los cardúmenes, sin importar que estos animalitos depreden, a su vez, al vector que le corresponde en la cadena natural para regular naturalmente el medio ambiente. Resultado: se pacta la matanza anual de focas bebés (y de las otras, claro está), con una condición: que se les mate de un solo golpe. Y aquí es donde aparece la crueldad humana en toda su malparida expresión, y que se traduce en una fiesta de sangre y brutalidad, aunque para muchos eso sea lo de menos: si todos morimos, ¿qué me pueden preocupar las focas?

Hoy ya no nos importa cuidar nada, vigilar lo que es de todos, lo que nada nos costó (quizá por eso); no nos interesa defender a la naturaleza, ese gran bien natural que recibimos como heredad para vivir por un tiempo, que se nos dio como un regalo gratuito pero transitorio, sin merecerlo, para que nos enseñoreásemos de él.

No nos gusta cuidar lo que nos produce vida, no nos gusta cuidar nada. Hoy lo que nos importa es el dinero, el poder, los placeres, los beneficios personales; hay egoísmo en nosotros, no nos importa el planeta, ni su biósfera, ni el entorno que nos da vida: sólo importa el aquí y ahora. El futuro ni nos va ni nos viene; no nos conmueve el corazón defenderlo. Allá que se las arreglen nuestros nietos, total, que para cuando el mundo se colapse, ya no estaremos aquí.

Indiferencia, egoísmo, importamadrismo… esta es, señores, la filosofía de este siglo, por cierto muy acorde, cómo no, con nuestros paradigmas modernos y vanguardistas de los que tanto nos ensoberbecemos.

Pero no pasa nada, todo está bien, las focas son animales y no importa que las maten.

Qué pronto se nos olvidó lo del maremoto.
Publicado por OswaldoLilly @ 22:40
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Comentarios
Publicado por CarmenVives_24
jueves, 23 de junio de 2005 | 19:52
No se que pensar del mundo cuando suceden estas cosas, sobre todo si lo hacen por inter�s de dinero. Pero bueno, el mundo est� as� y no lo vamos a cambiar jamas.
Publicado por Visitante
domingo, 18 de marzo de 2007 | 19:33
Reprobable y criminal. Por ahi lei que entrando la primavera repiten la matanza, una matanza que al parecer va cn el equinoccio, ¿no? Qué cosa tan lastimosa y lamentable.