Hablar de Arthur C. Clarke es hablar de un científico ateo confeso, así como se oye, que incursionó con gran éxito en el mundo de la literatura de ciencia ficción. Se puede decir que Clarke "inventó" el concepto de los satélites geoestacionarios veinte años antes de que éstos se materializaran en el ámbito de la ciencia espacial, y que ha sido, aparte de gran escritor, un gran divulgador de la ciencia y la tecnología genéricamente hablando.
Sus relatos, que son muchos y de gran calidad, están llenos de una homogénea concepción de la ciencia y pertenecen a ese tipo de escritura de la hard fiction, aunque vista siempre desde un ángulo cargado de humanismo y trascendencia. Sus libros tienen básicamente la misma temática: La exploración de lo desconocido por parte de la especie humana, con encuentros extra-terrestres que nos abren a un mundo mucho más trascendente del que nuestros ojos pueden llegar a ver. En otras palabras, el autor “materializa” nuestras dudas, visiones y sueños y las transcribe a una historia contada desde una perepectiva futurista.
2001: Una odisea espacial es ya un clásico de la literatura, y no hay duda de que su temática nos induce a comprender que Clarke siempre compartió con otros científicos un punto de vista unificado sobre el universo conocido que podría resumirse así: la humanidad aún tiene que hacer otra revolución copernicana y dejar de pensar que es la única inteligencia en un universo tan vasto y tan antiguo como el nuestro, que podría ser asimismo parelelo a otros. Clarke nos da a entender que debemos empezar a considerarnos como lo que en realidad somos: un pequeño grano de arena en una playa inmensa en la que probablemente existió vida inteligente, acaso mucho más evolucionada, desde hace miles de millones de años.
Desde luego que para cualquier escritor es muy difícil tratar este tema con el rigor científico suficiente sin que su teoría se embrolle con opiniones seudocientíficas de gente que ve hombrecillos verdes por todos lados y que además nos visitan a diario. En este libro Clarke combina muy a propósito su brillante mente científica con la exploración y la libertad que le permite la literatura para plantear una serie de cuestiones de fondo e introducir a los lectores en la maraña de preguntas sin respuestas sobre el universo material y sobre el papel humano en el mismo, y que quizás constituyan, de paso, la lección de humildad que necesitamos para aprender más de nosotros y avanzar no solo tecnológicamente, sino también moralmente.
Artículo publicado por Oswaldo Lilly Sanginés en: www.forumcommunity.net/?t=1393070&st=30