viernes, 24 de junio de 2005
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Viven en Indonesia y son prehistóricos. Miden hasta 4 metros y pesan 150 kg.

Lo primero que sorprende es verlos comer. Pocos pueden resistir estar ante esta escena, que es uno de los espectáculos más impresionantes de la naturaleza. El ensañamiento con la presa es perturbador, sanguinario y brutal. Su enorme mandíbula, siempre jadeante y dilatada, y su lengua bífida y amarillenta, vienen a ser el complemento letal de un panorama aterrador.

Es el Dragón de Komodo, el lagarto más grande del mundo. Esta criatura maravillosa es motivo de investigación por parte de la ciencia: son tan resistentes a las bacterias que hoy se examina la morfología de su saliva para conocer las causas de su sorprendente inmunidad a las infecciones.

Varanus Komodoensis forma parte de las 18 familias en que se dividen los lagartos, reptiles terrestres del orden de los saurios. Su enorme mandíbula jadeante se mueve con violencia y desgarra los trozos de carne de la víctima con ferocidad. Y nunca mastica; se traga la comida de un jalón.

Sus garras, que siempre se hunden en el suelo calizo, ayudan a coordinar los tironeos de su largo cuerpo cuando está activo. Los dientes filosos se le tiñen de sangre cuando come, y entonces se oyen sus coletazos y bufidos. El aire huele a muerte; su saña es brutalmente salvaje. Después de presenciar una escena como ésta no resulta extraño entender por qué llaman dragón al portador de semejantes quijadas asesinas.

La palabra griega drakon, de la que deriva su nombre, quiere decir "serpiente". Y ferocidad, la verdad, no le falta. Es tan antiguo que sin duda convivió con los mismísimos dinosaurios en el período Cretácico. Desde esa época nuestro amiguito ya era como le conocemos hoy: temible, isaciable, cruel.

Los dragones de Komodo fueron descubiertos en 1915 -relativamente tarde en comparación con otros hallazgos del mundo animal-, y enseguida se le retrató como la encarnación de los fabulosos dragones de las historietas medievales. Para los zoólogos, en cambio, es apenas un animal en peligro de extinción, y lo respetan.

Los dragones fueron vistos por primera vez en tiempos de la Primera Guerra Mundial, cuando un avión se estrelló cerca de las costas de Indonesia. El piloto pudo llegar a nado hasta la playa y cuando creyó que estaba a salvo se encontró, según su propia narración, con reptiles gigantescos, monstruos horribles de la prehistoria que retozaban sobre las rocas de la isla de Komodo, cerca de la costa septentrional de Australia.

Al ser rescatado contó horrorizado su experiencia, pero nadie le creyó; todos lo tildaron de loco. Fue así como el Varanus Komodoensis pudo conservar la seguridad del anonimato por algunos años más. En 1926 el norteamericano Douglas Burden organizó una expedición a la pequeña y misteriosa isla. Y allí lo halló, cual si fuese una postal de la prehistoria, en medio del terreno desolado y los páramos ondulados y sombríos, con su piel verdosa y agrietada, resquebrajada por los rayos del sol que a diario doran su portentosa estampa de cuatro metros.

Para los científicos, hay secretos por desentrañar en este reptil, sobre todo en su mandíbula y en su lengua bífida. Desde hace varios años el doctor Don Gillespie, veterinario del zoológico de El Paso, viene realizando estudios bacteriológicos en los dragones de Komodo y los resultados son sorprendentes. Analizando su saliva encontró alrededor de 60 bacterias, 54 de ellas altamenta patógenas y generadoras de infecciones. Lo raro es que ninguna de ellas es una especie nueva; todas son viejas conocidas, las que siempre aparecen en las necrosis o putrefacciones de un animal muerto. Las principales son Pasteurella multocida (una de las más patógenas), streptococcus, stafilococcus, pseudomonas y klebsiella. Todas ellas, juntas, son dinamita pura que conducen a la muerte. Y son también el arma mortal que utiliza este dragón prehistórico para cazar.

El doctor Putra Sastrawan, experto que trabaja en Indonesia, no está estudiando específicamente la saliva pero aporta datos reveladores sobre las costumbres de estos animales. Hoy se sabe por ejemplo que los dragones, al comer la carne de animales putrefactos, adquieren cepas de estas bacterias nocivas para después transmitirlas a sus presas vivas. La carga bacteriana es tan grande que la víctima muere a los dos días por septicemia.

Lo sorprendente es que al dragón no le ocurre nada porque es altamente resistente a las susodichas bacterias. Las investigaciones que se han hecho revelan que poseen dos sustancias antibacterianas muy poderosas en la sangre y que por ello pueden transmitir las bacterias asesinas sin correr riesgos. Hoy, las investigaciones de la sangre y la saliva del dragón continúan, y algunos científicos sospechan que este animal posee el secreto de la inmunidad para las infecciones altamente graves.

Acaso sea un misterioso dragón de porte fabuloso el que provea a la humanidad el secreto para vencer las infecciones bacterianas para siempre.
Publicado por OswaldoLilly @ 18:27
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Comentarios
Publicado por CarmenVives_24
jueves, 21 de julio de 2005 | 2:20
Ay Oswaldo xD, este animal me da mucho medo, se ve que es brutalmente feroz. ¿come carne humana?Helado
Publicado por Nubeblanca77
domingo, 30 de octubre de 2005 | 2:58
WOWO, yo opino que ya que el dragón está ahí, casi a la mano, que se siga investigando pues puede darnos sorpresas en términos de antibióticosPayaso