sábado, 25 de junio de 2005
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Me he topado con cortinajes que me impiden la visión.

Fisgo a través del delgado hilo de luz y puedo ver un fragmento del interior de la sala: Amy está sentada en un sillón conversando con alguien. La miro beber de un vaso que sostiene en una mano, mientras que con la otra hace ademanes que reafirman sus palabras.
—¿Te imaginas, amiga? Yo gano menos vendiendo, pero no me mato tanto.
Una voz de mujer responde desde un punto que se halla fuera de mi visión.
—Las propinas son buenas, Amy, y no puedo quejarme.
—Sí, sí, pero siempre andas corriendo. ¿No es cierto que el jefe te exige y que la gente te grita?
—No olvides que cada negocio es diferente, y ahí no me tratan mal; hay días buenos y días malos, como en cualquier trabajo.
—Ya veo que aún no te animas ¿verdad?
—Necesito pensarlo… —dice la otra mujer.
Amy entorna los ojos y se vuelve a empinar el vaso.

Yo estoy tensa. Hay una débil señal en mi cerebro que me quiere decir algo, pero no alcanzo a saber qué es. Me muevo para ir al otro extremo de la ventana, pero regreso en seguida; la visión es menos clara desde aquél punto.
—¿Sabes Susy? Yo trabajé un tiempo como cuidadora de niños. ¡Dios mío!, me la pasaba gritando todo el día. A veces mi paciencia se agotaba y el monstruo se me salía. ¡Es horrible perder la cordura cuando tratas con niños! No digo que fuera un trabajo tan pesado, pero la paga era mínima. Con ese sueldo no había forma de progresar.
—Ya lo creo. ¿Demoraste haciendo eso?
—No, no… sólo fueron unos meses, aunque de algo me sirvió.
—Todo sirve, hasta lo malo. A mí también me agradan los niños, pero no tengo sangre de institutriz. —dijo la mujer en tono suave—.
Amy entorna los ojos antes de exponer:
—Una vez tuve que vérmelas con un par de insoportables; te juro que fue como ir al infierno. A esos no les aguanté ni una semana.
—¿Que te he dicho yo?, para todo se necesita vocación.
Amy hace un mohín que ya conozco. Me estremezco.
—Ah, no, yo digo que más bien depende de los niños.

Reina el silencio. Oigo a lo lejos el rumor de una música que pronto se apaga.
—No sé —dice la otra—, pero para mí todos los niños son iguales.
Amy suspira y se alisa los cabellos. Luego se levanta.
—Voy a ocupar tu baño.

La joven cruza la estancia y pronto la pierdo de vista.
Publicado por OswaldoLilly @ 2:47
Comentarios (3)  | Enviar
Comentarios
Publicado por CarmenVives_24
martes, 26 de julio de 2005 | 0:20
Hummm, sí...qué escena. Chica ¿quien será?
Publicado por Nubeblanca77
domingo, 30 de octubre de 2005 | 2:00
Mmmmm....ingeniosoFlash
Publicado por Visitante
lunes, 29 de junio de 2009 | 18:49
guguluguuuu.... ya se quien esssssssss!!!!