Por lo general se les ve pastando, persogados en un árbol, corriendo en los hipódromos, o protagonizando una película. Pero estos animales maravillosos han contribuido en gran manera a propiciar el avance de las civilizaciones desde que el hombre es hombre.
Son dos las grandes ramas evolutivas del caballo moderno:
1. El Tarpán
2. El caballo de Przewalski
El Tarpán fue un caballo salvaje del este de Europa y el oeste de Rusia que se extinguió en el siglo pasado, pero que ha sido reconstruido en las yeguadas polacas y es por naturaleza híbrido. Fue utilizado por todos los pueblos del este del Mediterráneo abarcando desde las tribus celtas, los hititas y hasta los griegos, quienes tenían conocimiento del carro.
El caballo de Przewalski, originario de las montañas, estepas y desiertos de Mongolia, China y Kazajstán, habitó en libertad y como caballo salvaje hasta el siglo XX. Son caballos tipo poni, con una alzada de 130 centímetros, de color marrón tirando a amarillo oscuro. Se diferencian por tener una espalda corta, una constitución firme, una gruesa cabeza y una larga cola. Además, se caracterizan por tener un número de cromosomas diferente numéricamente al que presentan los caballos domésticos.
La historia de la evolución del caballo está bien documentada y el registro fósil muestra con claridad una reducción progresiva del número de dedos, pasando de un animal ramoneador pequeño de cuatro dedos (perteneciente a una línea evolutiva que dio lugar, además del caballo, a los tapires, los rinocerontes y otros mamíferos), a un animal con un tamaño mayor, que pastaba hierba y tenía las patas formadas por un único hueso terminado en un solo dedo: el caballo moderno.
El Eohippus, similar en aspecto a un perro, vivió hace 60 millones de años y sus molares carecían de superficies trituradoras grandes para masticar la vegetación carnosa de su hábitat. Con la expansión de las praderas en el mioceno, hace 25 millones de años, tan solo sobrevivieron aquellos animales cuyos dientes estaban adaptados para triturar el alimento.
Por otro lado, el cambio hacia un clima más árido produjo un endurecimiento del terreno y el dedo medio de Merychippus se alargó para soportar la tensión de su peso, convirtiéndose en un único dedo en Pliohippus. Las patas robustas del caballo evolucionaron para conseguir alcanzar velocidades lo bastante rápidas como para evitar a sus depredadores.
Como animales de carga y tiro, estos mamíferos miden 145 cm. de altura y pesan como mínimo 630 Kg. Se desarrollaron a partir de los animales salvajes que existían antiguamente en el norte de Europa.
Los caballos de carga y tiro pueden soportar grandes pesos, por lo que sirven para los trabajos en la agricultura y para mover grandes cargas. Todavía hoy se siguen empleando en muchos países del mundo.
Es lo que se conoce como la utilidad indiscutible del caballo para la especie humana.
¿Cómo no quererlos?
Fuente: www.cbrenan.com