Anna, la hija de Mitchell-Hedges, un buscador de la Atlántida, estaba en las ruinas encontradas por su padre en Belice cuando le llamó la atención entre las rocas un destello. Los arqueólogos removieron grandes rocas y el día que Anna cumplía 17 años, en enero de 1924, rescataron una calavera de cristal de cuarzo tallada a la perfección.
Los estudiosos lo califican como uno de los hallazgos más sorprendentes en la historia de la humanidad. Se trata de un cráneo tallado en durísimo cristal de cuarzo, que después del diamante es una de los minerales más duros y difíciles de tallar. Es una copia casi exacta de una calavera humana tallada en dos piezas: el cráneo y la mandíbula articulada, con un peso total de 5.190 kilos.
Sus cortes y ángulos sugieren que los artesanos poseían una avanzadísima tecnología, ya que el cuarzo es un material difícil de manipular y la perfecta simetría de sus moléculas hace que, incluso al tallarlo con sofisticadas técnicas de láser, el cristal tienda a romperse. Puede tener miles de años de antigüedad; se supone que fue hecha hace unos 12 mil años, y fue encontrada en territorio Maya.
La Calavera del destino sin duda proviene de un remoto pasado, pero su perfección y la dificultad de su tallado se corresponden más con un arte propio del futuro. Ha sido definida como uno de los más extraños objetos concebidos por el hombre, de ahí su singular nomenclatura.
Anna Hedges, propietaria de la calavera, solicitó a la compañía Hewlett Packard, expertos en cristalografía y en el tallado de cristales de cuarzo, producir una replica del cráneo y así proteger el original de posibles hurtos o daños. La respuesta de la poderosa empresa HP fue que, aún usando la tecnología más avanzada, quizás se pueda realizar una copia que les llevaría al menos 3 años y tendría un costo de unos 300.000 dólares, pero no garantizan la fiel precisión del original.
Sólo mediante tecnología computacional y aplicación láser podría, teóricamente, lograrse hoy una réplica de un objeto hecho antes del diluvio.
Se seleccionó un gran trozo del más puro cristal de cuarzo cuyas cualidades piezoeléctricas y de sincronización “ellos” adecuaron con la mente, dejándolo como un testimonio de que sólo "ellos", aunque reconocerlo hiera nuestro orgullo, fueron capaces de hacer con su tecnología, que para nosotros viene a ser, definitivamente, una tecnología del futuro.
Fuente: Artículo del Dr. Iván Seperiza Pasquali