Se habla de carnaval sólo en febrero, y cada febrero se vuelve a vivir esa fiesta mundial donde las máscaras de la virtud son quitadas para dar paso al despapaye y el desenfreno.
Y para no dejar, y con dedicatoria al febrero que viene, me he dispuesto a quitarle el disfraz a la susodicha palabra por si alguien no recuerda su origen (de la palabra, digo), o por si también quieren saberlo:
"Carnem levare" (literalmente: "la carne levantar" o quitar la carne) se abrevió en "carnelevare", se alteró en "carnelevale", pasó del latín al italiano (alterado de nuevo) como "carnevale" y de allí la recibió el español como "carnaval", que lingüísticamente no es más que el anuncio de ayunos y abstinencias próximos.
El concepto de carne, uno de los componentes del vocablo carnaval, suele interpretarse como indicador de excesos y eso resulta muy natural si tomamos en cuenta que a través del tiempo hubo una coincidencia de fechas entre las "saturnales romanas" (rituales que tenían mucho de religiosidad y también de paganismo) y las festividades cristianas. Por todo eso, tomó esa fiesta el cariz de desenfreno que caracteriza al carnaval en todas las regiones del mundo donde se celebra.
Lo mismo sucede con su sinónimo "carnestolendas", que es la abreviación de la vieja frase latina "dominica carnes tollendas" o "el domingo antes de quitar la carne", es decir, antes de la cuaresma o los cuarenta días que Jesucristo guardó ayuno y abstinencia.
Por esos caminos por donde andan las palabras, correctos unos, injustos otros, ¿no les parece que el vocablo carne ha sido explotado en demasía? En fin. Se ha contrapuesto ("mundo, demonio y carne") a todo lo que sea espíritu. Además, la moda actual se ha empeñado en repudiarla implacablemente: "Estar entrado en carnes" se ha vuelto causa de depresiones y frustración entre mujeres, jóvenes y no tanto, y hasta en los varones, que ya es decir.
Si nos topamos con individuos que toman a la ligera las contrariedades de la vida diaria y vemos sus rostros que reflejan envidiable serenidad, oímos decir que es que no están hechos "de carne y hueso...". Por si eso fuera poco, cuando alguien está expuesto a peligros y daños físicos, se dice que es "carne de cañón". Así como también si uno padece frío, miedo o terror, se le pone la "carne de gallina". Amén del vegetarianismo y naturismo tan en boga hoy en día que han hecho de la carne su principal objeto de difamación.
Por último, si alguien hace mofa, befa y chufa de otro, se dice que éste es escarnecido, o lo que es lo mismo, ofendido, humillado tan cruelmente, que es como si le arrancaran parte del cuerpo y su "carne viva" quedara al descubierto.
Sí, los carnavales, con sus batallas de flores o sin ellas, con guerrillas de "pixoyes" o pistoletazos de anilina, con bailes y comparsas de noche y de día, con disfraces grotescos o muy creativos, o con impresionantes máscaras que representan a alguno de nuestros últimos presidentes, con todo eso y más, siguen siendo jolgorio y destrampe aquí, allá y acullá.
Pero no involucremos en ello al inocente vocablo carne, mas que como un presagio de su inminente abstinencia, que eso es exactamente lo que pregona la palabra carnaval.
Publicado por oswaldolilly en: www.doctoramor.com/foro/showthread.php?t=29007