La nanotecnología se inició en 1948 cuando tres investigadores de la empresa de telecomunicaciones Bell –John Bardeen, Walter Brattain y William Schockley- inventaron el transistor.
En un principio pasó inadvertido, pero con el paso de los años se ha convertido en la célula nerviosa del mundo moderno, aplicable a muchas cosas, desde los misiles a los juguetes, del horno de microondas a las sondas interplanetarias y de las grandes computadoras del última generación al despertador de la mesilla de noche.
El transistor permitió la miniaturización de la tecnología. Un teléfono celular tendría el tamaño del obelisco de Washington (169 metros de alto) si estuviera construido con las cálvulas y tubos electrónicos de antaño. Y cada vez se consiguen más finos.
Se han logrado transistores de 0.06 micras, mil veces más finos que un cabello. En la actualidad, este dispositivo se encuentra en los instrumentos electrónicos de la consulta de un ambulatorio o en un gran hospital.