martes, 28 de junio de 2005

La Maldición de Tutankamón

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Recientes estudios han confirmado que, al contrario de lo que se suponía hasta ahora, Tutankamón no fue asesinado. Su muerte se produjo a causa de una fractura en la pierna que se le complicó, provocándole la muerte por infección.

Por más de tres mil años su cuerpo había estado oculto a los ojos del mundo. Como sus antecesores, Tutankamón fue enterrado en el Valle de los Reyes, pero su tumba nunca había sido hallada. Por siglos, las tumbas de este Valle estuvieron expuestas al saqueo de aventureros, conquistadores y excavadores que deseaban hallar tesoros escondidos.

Por más de tres milenios, la rapiña fue de tal magnitud que las paredes graníticas del Valle parecen más un paisaje surgido de la Luna, que otra cosa: la cantidad de oquedades que presenta es impresionante. A final de cuentas, todos los faraones, de una u otra forma, rindieron sus secretos a la Humanidad; pero aún quedaba una tumba por descubrir... la de Tutankamón, el faraón niño.

Muerto en plena adolescencia en el año 1340 a. C., nadie sabía con exactitud en donde se hallaba su tumba. Howard Carter había dedicado mucho tiempo a la excavación de tumbas en el Valle, y sabía que una gran mayoría de arqueólogos que buscaban la tumba de Tutankamón se habían dado por vencidos, abandonando sus campañas. Solo él permaneció expectante, empleándose en excavar justo sobre los restos que dejaban los otros arqueólogos.

Por fin, un 26 Noviembre de 1922, sus esfuerzos se vieron fructificados. Carter había dado con la tumba del faraón niño, y con ello, descubierto los tesoros más magníficos y maravillosos de que la arqueología tenga memoria.

La Maldición… ¿verdad o mito?

Durante los trabajos de descubrimiento, Carter había colgado en el interior de la tumba una jaula con un canario. Una tarde notó que el canto del pájaro se interrumpía bruscamente: una cobra, la serpiente guardiana de los faraones y encarnación de la diosa Edjo, había devorado a su frágil mascota.

Pero la muerte de Lord Carnarvon, el hombre que financiara la excavación, fue el suceso que desató la imaginación del mundo entero para que se comenzara a especular en la existencia de una maldición. Carnarvón murió el 5 de Abril de 1923, apenas diez meses después de haber penetrado en la Cámara Real junto con Carter.

George Edward Molyneus Herbert, más conocido como el quinto conde de Carnarvon, había tomado la egiptología con la misma pasión con que otros millonarios o miembros de la nobleza tomaban los deportes, los viajes, o la vida en sociedad. Carnarvon fue picado por un mosquito en la mejilla izquierda, pero él no le prestó atención al incidente. Una semana después, mientras se afeitaba, se hizo un corte de navaja por encima de la picadura.

A los dos días empezó a sentirse mal y tuvo que ser llevado a El Cairo de emergencia. El 17 de marzo se supo que una grave infección le había atacado la garganta, el oído interno y el pulmón derecho. Los doctores lo medicaron sin éxito. Diez días después, un ataque fulminante de neumonía le afectó ambos pulmones. Tras sufrir de una terrible agonía con horrendas deformaciones físicas, incluída la pérdida de su dentadura, murió el 4 de abril. Aparentemente falleció en la misma fecha su perra fox terrier, según testimonios de sus familiares.

Los rumores sobre una supuesta maldición comenzaron a correr públicamente. La gente se preguntaba por qué un hombre tan saludable como Carnarvon, de apenas 57 años, moriría por la picada de un mosquito. Por si fuera poco, un egiptólogo afirmaba haber interpretado la inscripción que había sobre la entrada en la tumba de Tutankamón: «La muerte vendrá con alas ligeras sobre todo aquel que se atreva a violar esta tumba». Lo cierto es que la famosa inscripción jamás pudo ser encontrada, pues los trabajadores de Carter destruyeron la pared que supuestamente la contenía.

Lord Carnavon tenía un medio hermano, Audrey Herbert, quien se trasladó a Egipto para estar presente en la apertura de la última cripta. A su regreso a Londres, sin causa aparente, Herbert cayó muerto en el piso de su dormitorio cuando se disponía a tomar un baño.

Carter procuraba no dar importancia a los rumores tildándolos de teorías sin sustento. Pero sus allegados decían que estaba sumamente alterado por estas muertes, sobre todo cuando el más cercano de sus ayudantes, Arthur Mace, siguió la misma suerte que los Carnarvon.

Mace fue el hombre que rompió con una barra de hierro los últimos pedazos del sello que separaba la cámara real del mundo exterior. Poco después moría de manera fulminante en el hotel que ocupaba Lord Carnarvon en El Cairo. Los médicos egipcios se declararon imposibilitados de dar una explicación científica a su repentina muerte.

Douglas Reid, el radilogista que trabajó bajo las órdenes de Carter, siguió el mismo camino. Repentinamente enfermó de cansancio y agotamiento y tuvo que regresar a Suiza, su país natal. Allí falleció dos meses después por causas desconocidas.

La secretaria de Carter, Bethel, también murió de un ataque al corazón. Al enterarse su padre de la noticia (también había estado en la Tumba), se suicidó lanzándose desde un séptimo piso. Un profesor canadiense, amigo de Carter, que visitó también la tumba poco después de su hallazgo, murió víctima de un ataque cerebral a su hotel de El Cairo.

El pánico se desató entre la comunidad vinculada a la tumba de Tutankamón. De innumerables fuentes llegaban noticias de que los trabajadores que participaron en la excavación morían también en forma misteriosa. ¿Sería cierta esta versión?

La momia de Tutankamón fue llevada a la Universidad de El Cairo el 11 de noviembre de 1925 para que le practicaran ciertos estudios bajo el escalpelo profesional del doctor Douglas Derry, una autoridad en la materia. Derry, en un silencio de muerte, tomó el bisturí y realizó una incisión directa en los vendajes exteriores de la momia. Los vendajes cayeron a ambos lados mostrando 143 pequeñísimos bolsillos: cada uno de ellos contenía una piedra preciosa. Alrededor del cuello se veía el "collar de la protección", confeccionado en hierro. Los brazos estaban cubiertos con magníficos brazaletes: siete de ellos en el derecho y seis en el izquierdo. Cada dedo de sus manos tenía un anillo de oro macizo. El abdomen estaba cubierto con capas de misteriosos objetos también de oro macizo, todos ellos en forma de T.

La cabeza estaba cubierta con una magnífica diadema de oro y, separándola del afeitado cráneo, según la usanza egipcia, había una malla de finísimo oro batido. Las facciones del faraón niño aparecían serenas, casi vivas, perfectamente conservadas. En la mejilla izquierda, casi bajo el lóbulo de la oreja, tenía una depresión en el hueso, y en la mejilla, un minúsculo orificio parecido al piquete de un mosquito.

Se especuló que esta depresión craneana pudiera haber sido la causa de su muerte: una fractura en el hueso y un derrame cerebral. Sin embargo, jamás se encontraron pruebas que acreditaran totalmente esta teoría.

Un ayudante del doctor Derry murió poco después de un ataque al corazón. Sin embargo, Derry sobrevivió hasta pasados los ochenta años, y el mismo Howard Carter sobrevivió a su descubrimiento hasta los 67 años, cuando murió de muerte natural. No obstante, había algo que llamaba la atención. Dos de los personajes principales que participaron en la profanación de la tumba, habían muerto. Uno de ellos, Lord Carnarvon; el otro, el radiologista Carlyle, ayudante del doctor Derry. ¿Fue coincidencia?

Para 1935, la cifra total de muertos relacionados con Tutankamón sumaba ya veintiuno, y varios recopiladores de sucesos la elevaron hasta treinta. Lo cierto es que hasta para el más escéptico, la lista de veintiuno resulta impresionante. A esto se deben añadir los sucesos posteriores, que consiguieron que la maldición de Tutankamón volviera a cobrar vida.

Mohammed Ibrahim, en esa época director egipcio de antigüedades, intentó impedir que varias reliquias halladas en la tumba fueran a París. Había sufrido una serie de pesadillas que anunciaban su muerte si las dejaba salir de Egipto. El gobierno egipcio le obligó a aprobar el traslado, y ese mismo día murió atropellado.

El doctor Ezze-din Taha, de la Universidad de El Cairo, descubrió que varios arqueólogos y personas que trabajaban con restos antiguos solían padecer infecciones en la vías respiratorias debidas a la existencia de diversos hongos. En 1962 expuso que la famosa maldición podría tener su origen en estos hongos patógenos. Al salir de la conferencia tomó su coche, y en la larga carretera de El Cairo-Suez, chocó de frente contra otro coche. La autopsia demostró que su muerte se debió a un fallo cardíaco ocurrido pocos segundos antes del accidente.

Durante la década siguiente la maldición continuó. En 1972 el nuevo director del Departamento de Antigüedades egipcio, Gamal ed-Din Mehrez, sucesor de Ibrahim, refirió a Philipp Vandenberg que no creía en la maldición de la tumba: "Fíjese en mí, toda la vida he estado trabajando con tumbas y momias. Seguramente soy la mejor prueba de que todo son coincidencias". Gamal murió la noche siguiente a la supervisión del empaquetado de los objetos destinados a la exposición que se iba a celebrar en Londres.

Los miembros de la tripulación del avión que efectuó el traslado a la capital británica se vieron también alcanzados por la maldición. El teniente Rick Laurie murió en 1976 de un infarto. Su esposa se volvió loca y gritaba que su marido había muerto por culpa de la maldición. El ingeniero de vuelo Ken Parkinson sufrió seis infartos y falleció en 1978. El oficial Ian Lansdown confesó haberse burlado de la maldición dando una patada al cofre que transportaba la mascara. Se fracturó esa misma pierna al caerse de una escalera de hierro y su curación se complicó, hasta que pudo volver a andar a los seis meses. La casa del teniente Jim Webb se incendió mientras pilotaba el avión hacia Londres, y Brian Rounsfall, que se burló junto con Ian de la maldición dedicándose a jugar a las cartas sobre la caja que contenía el sarcófago, sufrió dos infartos al año siguiente.

La lista continuó en los años ochenta, destacando la filmación de la película "La Maldición del rey Tuth", en donde se utilizaron objetos hallados en la tumba de Tutankamón. El protagonista, Ian McShane, cayó con su coche por un acantilado, el primer día de filmación.

Parece ser que hoy día, la maldición lleva años inactiva. Quizás sea auténtica, quizás no. ¿Quién puede saberlo?

¿Cobró ya todas sus víctimas?

¿Coincidencias sorprendentes o maldición efectiva?

Son preguntas sin repuesta.


Añadir comentario


Todo lo que pones y muchos otros detalles que no has citado hacen pensar que la profanación de la tumba trajo algo "extraño" consigo. Es sólo que con las técnicas actuales y la mentalidad de hoy no podrá esclarecerse nada. Tal vez más adelante...no sé cuando, pero más alá, en el futuro, una civilización pueda saberlo.


la maldición solo alcanzó a los q profanaron la tumba y sus familiar o prosiguió? ¿no saben?


WOWO...qué interesante todo esto. ¿Conocerían secretos que nos han pasado de noche? invasor


Se puede saber lo que ocurrio pero nunca el por que, es la duda que siempre queda


Duduso todo, no hay duda. Pero tienen razón, sera dificil saberlo con los metodos con que contamos...tal vez después aunque nunca se puede afirmar nada.


Es un poco estupido creer en maldiciones y supersticiones como esta,sobre faraones q antes de morir dejan maldiciones para todos aquellos q profanen su tumba,existe una explicacion cientifica para esta teoria sin argumento.
Esta demas decir q una vez muerto el cuerpo entra en estado de descompocision por lo q tanto gusanos como bacterias y hongos se encagran de la degradacion del muerto y no estan solos ya q en las camaras murtuorias y sarcofagos se encuentran dispersas por el aire muerto de la tumba bacterias microscopicas y virus;hay q tener en cuenta q este joven faraon murio en el año 1327 adC por lo q estas bacterias tienen miles y miles de años y no son nada benignas para el ser humano,por lo tanto cualquiere q halla ingresado en dichas camaras al repirar el aire biciado de la tumba hinala tambien dichas bacterias.Esto explica la muerte de Carter,q por cierto murio 16 años depues del hallasgo por una neumonia a la edad de 65 años


Por otro lado lord carnavone el compñaero de Carter murio poco tiempo despues de el hallasgo por la septicemia causada por una simple picadura de un mosquito q se le infecto causandole la erisipela: dicha enfermedad es producid por el streptococcus.
Por lo tanto seamos un poco mas realista no existe dicha maldicion lo que deveria existir seria la prevencion y en el caso de que un arqueologo o egiptologo ingrese en tales lugares sellados por miles de años,q por lo menos usen un simple barbijo para evitar una simple gripe q desencadenaria en algo mucho peor


A...QUIEN..PROFANE....MI..TUMBA,,,LA...MALA....SUERTE..DISLUMBRA...A...QUIEN..LEA..ESTE...VERSO...YO...LO...MALDIGO


a mi esto de la egiptologia me encanta!!!GuiñoGuiño pero lo de las maldicones.... es k no se si creer pero "I want belive" pero no puedoo bueno si alguien sabe alguna pag sobre egipto k por favor k la añana al comentario.


HOLA , SOLO QUERIA DECIR EN EL SGTE COMENTARIO QUE :


AL PARECER ES CIERTO DE LA MALDICION DE TUTANKAMON Y QUE POR ESO MURIO EL GRAN ARQUEOLOGO Howard Carter,

LO QUE ME PARECE MUY SOSPECHOSO ESQ POR QUE TUVIERON Q PASAR UN PAR DE AÑOS PARA Q RECIEN MUERA EL ARQUEOLOGO PROBABLEMENTE PIENSO QUE TUTANKAMON SABIA MUY BIEN LO QUE HACIA Y DEJO PASAR ESE PAR DE AÑOS PARA QUE NADIE SE DIECESE CUENTA DE LA MALDICION QUE EL PRODUJO A EL ARQUEOLOGO Y ACOMPAÑANTES .

ES MUY OBVIO QUE LOS EGIPCIOS PRACTICABAN MUCHO LA TELEPATIA , PERO COMO UNA PARTE DE LA POBLACION TENIA MIEDO DE LAS MALDICIONES FUERON PERDIENDO EL CONOCIEMIENTO Y LA PRACTICA DE LA TELEPATIA , SE DICE QUE HABRAN SOLO UN PEQUEÑO GRUPO DE PERSOMAS EN EGIPTO QUE SIGAN PRACTICANDO LA TELEPATIA. PERO TODOS SABEN QUE NUNCA REBELARAN COMO LO HACEN .



ESO NO VIENE AL CASO , LO QUE ME PARECE MUY SOSPECHOSO SON LAS SGTES PREGUNTAS Q ME HARE Y LES HARE A USTEDES : ¿SEGUIRAN LAS MALDICIONES DE TUTANKAMON ? , ¿EL ESPERARA Q P