Mark Twain narra, en efecto, en sus
Apuntes promemoria, una predicción que le hiciera, en 1895 el astrólogo Cheiro (conde Hamon), según la cual llegaría imprevistamente a ser rico al cumplir los sesenta y ocho años de edad, es decir, hacia 1903.
“En 1895, dice el escritor, me hallaba en estado de falencia, o bancarrota, para decirlo claramente, y tenía una deuda de noventa y cuatro mil dólares a raíz de la quiebra de la Casa Webster y Co. Dos años más tarde Cheiro me encontró de nuevo en Londres y me repitió la predicción, agregando que “la fortuna llegaría de donde menos la esperaba”.
El humorista no olvidó por entero la profecía, aún cuando no tuviera excesiva confianza en el pronóstico halagador. Sin embargo la predicción se cumplió en 1903 y, exactamente, el 22 de octubre, cuando una gran casa editora firmó con él un contrato que le garantizaba una renta mínima de veinticinco mil dólares anuales, como fruto de los derechos de autor por sus libros.
“A veces –concluye diciendo Mark Twain- en los años que siguieron, mi renta excedió los 100,000 dólares. Cheiro, pues, predijo exactamente el hecho, hasta en la referencia a que la fortuna hubiera venido de donde menos podía yo esperarla”.
En el libro de oro de los visitantes del astrólogo, Twain escribió en otra oportunidad:
“Cheiro me ha descrito mi carácter con detalles que me confunden y me humillan. No debería reconocerlo; pero tengo el deber de hacerlo”.