martes, 28 de junio de 2005
¿Sussete y Amy?...imposible.
He visto a Sussete, la rubia camarera del Laforet, acariciando los cabellos de Amy. Sus rostros están tan cerca que casi se rozan, y sus miradas destellan fulgores. Hay golpes de electricidad que me atraviesan las ingles; subo y bajo los párpados para comprobar que estoy despierta. ¿Es posible que Amy y Sussete estén ahí? Todo esto me parece como un sueño.
Sussete, la rubia sol, la fiel encubridora del puñetero barbón del Laforet está ahí, frente a mi vista, en pleno devaneo con la jovencita de rasgos orientales. Súbitamente la rubia se ha apartado para ir hasta un armario teñido de oscuro. Empuja la puerta corrediza y saca una percha de la que cuelgan ropas. La deposita en la cama y le hace señas a Amy. Ambas se han sentado sobre el lecho, entre risitas y secreteos. Sussete le ha largado unos vestidos y Amy se pone en pie, camina hasta el centro de la pieza y se desviste entre coqueterías, sin dejar de mirarla. Sussete no ha apartado los ojos del cuerpo en movimiento; hay ardor en su mirada, y tiene los labios entreabiertos: puedo ver la puntita de su lengua asomarse por la rendija de su boca.
Ignoro si Amy estaría ligada alguna vez al modelaje, pero lo cierto es que esta noche, desplegando cualidades imprevistas, no ha tenido empacho en enfundarse el primer vestido que Sussete le ha proveído con una gracia desbordante. La chica, plena y perspicaz, se pasea en presencia de su amiga como cualquier profesional del fashion. Son varios los vestidos que se prueba ante la mirada expectante de la camarera, mientras yo, conmovida por las visiones, no he dejado de frotar la mano entre mis piernas.
Ahora es Sussete quien se desnuda para participar también en la velada. El espectacular binomio parece protagonizar el preludio de un encuentro inesperado que espero presenciar tras la ventana. De momento me he olvidado de los anónimos y de las pesquisas que me han llevado hasta ahí. Por ahora sólo tengo ojos para ver jugar a Amy, la terrible infanta escurridiza con la pasiva rubia solapadora.
Sé que no tengo una sola pista de lo que estoy buscando, pero lo que descubro compensa con creces el tiempo empleado. No espero más y comienzo a accionar mi cámara una y otra vez, sin que pueda yo parar de retratar sus etéreas siluetas en trance. Ver así a las dos mujeres me turba, y mi bajo vientre se inflama como antorcha encendida. Las jóvenes no se cansan de abrazarse, de intercambiar poses, de cuchichearse piropos, de halagarse mutuamente. Forman el par perfecto, la dupla irremplazable.
Las prendas que Amy ya se ha puesto las porta ahora Sussete, y viceversa, y en cada cambio de atuendo me regalan estampas inéditas que yo grabo para siempre en el diminuto disco.
Un ruido se ha escuchado de repente y las mujeres se detienen. Miro el rostro de Sussete y descubro en sus ojos el reflejo del espanto. Amy, tan pálida como la cera, la mira interrogante, con la angustia retratada en su semblante.
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Me va a latir que tu novela la deberias de concentrar mas, no se si se pueda. Pero tampoco me parece mal que la mezcles con uno que otro articulo de interes general. Veremos como sigue la trama que me parece interesante.


