Domingo por la tarde
Es domingo, y no me siento con ánimo para levantarme de la cama.
Un enorme peso culposo me aturde y no me deja tranquila. Ni siquiera he querido encender el monitor para atisbar al dormitorio de mi inquilina. Tengo miedo de volver a ver el rostro de Amy y descubrir en sus ojos los sucesos de la víspera.
Por primera vez en mi carrera de
voyeur he presenciado un homicidio a bocajarro y no sé cómo actuar. Si alguna vez me sentí segura de lo que hacía, esta tarde me lo he cuestionado seriamente. No obstante, reconozco que me gusta enfrentar los riesgos sin tener en cuenta el calibre. Y las terribles escenas de anoche son parte de esos riesgos tanto como los anóminos que he estado recibiendo. Me doy cuenta que la situación se torna difícil, pues ni siquiera sé la identidad de quien se dedica a espiarme a mí.
Lo de menos es acudir a la policía, pero no quiero verme envuelta en un escándalo. ¿Cómo podría justificar mi presencia en la vivienda de Sussete? Ni siquiera veo sensato enviarles de un modo incógnito las fotografías. Si lo hago, no podré actuar en adelante con la serenidad que necesito, y eso se sale de mis premisas de
onlooker.
Sumida en amargos pensamientos he preparado la valija para dejar el búnker. Necesito unos días para clarificar ideas. Me he llevado el rollo de las fotos conmigo para tenerlo a buen resguardo.
La semana transcurre sin novedad y me siento más tranquila. He llegado a la conclusión de que entre las calientes infusiones de Ticha y el trabajo, prefiero el té de hierbas, pero sin comerciales. Tampoco he recibido más anónimos y eso me mantiene sosegada.
Viernes por la tarde
El siguiente viernes he decidido volver a mi escondite con la esperanza de no hallarme con sorpresas. Mientras manejo, no dejo de pensar en Amy. Me desconcierta que la joven haya tenido nexos con Sussete y que su vida corra peligro por esta causa. Es casi seguro que el asesino la buscará hasta localizarla, y eso me preocupa. Para él, Amy es un testigo presencial que puede llevarlo a la cárcel de por vida. Es posible, incluso, que Pili pueda ser involucrada sin saberlo, y eso me parece irracional. Incluso yo, como propietaria del inmueble, también puedo verme envuelta en el asunto.
Al llegar al búnker, dispongo las cosas para echar un vistazo al dormitorio de mi inquilina. Pero dentro de la habitación no se mueve ni el viento. Desde que los anónimos hicieron su aparición ya no cuento con grabaciones, y eso me exaspera. ¿En dónde estará Amy en este momento?
Sábado en el día
Son cerca de las doce del día cuando he cruzado la verja. La calle está solitaria y eso me anima a proceder con más soltura. Atravieso el jardín para darle la vuelta a la casa; me detengo. Hay una ventana de cristal que observo con detenimiento.
Me hago del grueso paño oscuro para pegarlo a uno de los vidrios. He golpeado la tela con el puño y el cristal se ha roto en mil pedazos.
Inserto la mano para zafar el pasador.
Entro.