Otra vez, una cuestión de materiales. Y también de capacidad.
Los chips empiezan a quedarse viejos y se impone una revolución en su fabricación. El corazón de nuestras computadoras, tarde o temprano, dejará de ser un chip de silicio, rígido y limitado, para convertirse en algo que está todavía por idearse.
Podría ser, por ejemplo, uno de los transistores flexibles que pretenden desarrollar en Lucent Technologies. Allí se han dado cuenta de que las nuevas aplicaciones de la informática no son compatibles con los actuales chips.
El silicio no es el material ideal a la hora de fabricar productos digitales integrados en un folio de papel electrónico o en un pantalón. Es necesario buscar otras materias primas que se adapten a las necesidades de flexibilidad, rugosidad o resistencia de las nuevas máquinas corporales. El silicio amorfo podría ser una de ellas.
Se trata de una tecnología que utiliza materiales orgánicos basados en el carbono y polímeros para confeccionar transistores. De momento, ya se han desarrollado algunos dispositivos híbridos a medio camino entre las utilidades de ambos materiales.
Y todavía lo que nos falta ver, ¿o no?