La era de la información inaugurada con las primeras computadoras y que vivió su máximo esplendor en la última década del siglo que se fue, ha estado protagonizada por el electrón.
Ahora, la nueva era de la información que ve la luz en este comienzo del siglo XXI promete estar protagonizada por el fotón.
Al menos ese es el sueño de los pioneros de la tecnología microfotónica, el empeño por sustituir los electrones por fotones en un único dispositivo transmisor de datos.
En la actualidad, la optoelectrónica permite utilizar la luz como fuente de información pero en un estado híbrido e incompleto. Los datos electrónicos se convierten en información luminosa –por ejemplo en láser- que puede ser transmitida por un haz o a través de un cable de fibra óptica.
El aparato receptor –por ejemplo un reproductor de CD- vuelve a convertir la información de los fotones en impulsos electrónicos para poder interpretarla.
El problema está en que el silicio, el material del que están hechos los chips, presenta grandes limitaciones si se pretende que emita luz mediante estimulación electrónica. El reto se encuentra, pues, en conseguir que un material único pudiera cumplir las funciones electrónicas del silicio y las fotónicas de, por ejemplo, el arseniuro de galio, que es el material del que están fabricados los láseres de los reproductores de CD.
Aunque se ha intentado bañar el silicio con átomos emisores de luz, en la práctica este sistema ha resultado inútil. Una de las alternativas propuestas es la de tallar el silicio con estructuras minúsculas para que su comportamiento se altere a nivel cuántico. De este modo se podría preñar un chip con estructuras del tamaño de pocos nanómetros que brillaran al ser traspasadas por una corriente.
El segundo paso es la creación de cristales fotónicos, estructuras cristalinas artificiales con microcavidades que atrapan los fotones y se comportan como microfuentes de luz.
Los grandes fabricantes de procesadores deben ahora decidirse a abandonar el silicio en beneficio de estos cristales mágicos.