sábado, 02 de julio de 2005
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Uno de los aspectos de la incredulidad
es éste: la humanidad reputa imposibles algunas cosas, mientras que la experiencia, más luego, demuestra lo contrario. Sabemos, por ejemplo, que hace poco más de un siglo, los ingenieros creían sencillamente imposible una cosa que hoy se ha generalizado tanto: el ferrocarril.

Sostenían que era imposible que carros pesadamente cargados pudieran correr sobre rieles; imposible que estos rieles se apoyaran sobre durmientes o travesaños de madera, carentes de un firme cimiento de albañilería; imposible que trenes enteros de esos carricoches, además, pudiesen recorrer ese camino de rieles a una velocidad de veinticinco a treinta kilómetros por hora, sin sacudir el organismo humano de tal manera que hubiera provocado en los pasajeros muy graves trastornos cerebrales.

Para decirlo brevemente, casi todas las cosas que la humanidad declaró imposibles y que luego se cumplieron son tan numerosas, en la misma medida en que las invenciones y los descubrimientos del hombre se hicieron realidad.

Hasta un gran hombre de ciencia inglés que fue Sir Humphrey Davy sonreía con indulgencia ante la idea de que una gran capital como Londres pudiese algún día ser totalmente alumbrada con lámparas de gas, y cuando Benjamín Franklin expuso su idea para la construcción de los pararrayos, la Real Academia de Ciencias de Inglaterra se desternilló de risa.

Por muchísimos años el vuelo fue considerado como una locura utópica, y desterrado entre los absurdos, juntamente con la cuadratura del círculo y el movimiento perpetuo. Y todos sabemos cómo se consideraban grotescamente imposibles, muy pocas décadas atrás, el teléfono, la radio y la televisión.

Reputar imposibles las cosas difíciles o negar las que no pueden explicarse aún, es una de las más costosas costumbres contraídas por la humanidad en el curso de su larga historia que no la pone en guardia: costosas en el sentido de que más tarde se convirtieron en su propio prejuicio; pero es necesario reconocer que aún más costosa es la costumbre de la superstición.

Publicado por OswaldoLilly @ 19:32
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Comentarios
Publicado por Nubeblanca77
martes, 02 de agosto de 2005 | 21:53
La incredulidad ha sido la atadura más vistosa de las civilizaciones modernas sin duda alguna. Buena reflexión. Guiño
Publicado por CarmenVives_24
viernes, 12 de agosto de 2005 | 20:46
Lo de la incredulidad ha sido, es y será motivo de cuestionamiento de todas las cosas, hsta que la realidad se imponga, eso es muy normal. Estamos acostumbrados a solo creer lo que vemos, pero no olvidemos que muchas cosas que no podemos ver son reales, las podemos sentir, o las intuimos.
Publicado por jokimii
martes, 20 de septiembre de 2005 | 18:33
Extamos inmerxos en una cultura de lox ojos...se cree solo en lo q se ve, lo demax pasa de noche jijiji:] Pero lax coxas no xon tan simples jeje Sonrojado
Publicado por diego
domingo, 01 de julio de 2007 | 4:18
me duele admitirlo pero aqui en mex la gente es incredula a morir hay gente que piensa que somos dueños del lenguaje español.Llorando