La súbita desaparición de la tripulación completa del Mary Celeste es uno de los misterios más fascinantes de la historia de la navegación.
El 5 de diciembre de 1872, el vigía de la nave británica Dei Gratia avistó un barco que parecía estar a la deriva. Tres tripulantes bajaron en chalupa y remaron hasta la goleta para ofrecer ayuda. Treparon por la barandilla y abordaron la cubierta. Salvo por el sonido del viento en las velas y el inquietante crujido del maderamen, no se oía ni se veía nada.
Los marineros registraron el barco desde los mástiles hasta la bodega y lo encontraron en excelentes condiciones, incluso con toda su carga, pero no había ni un alma a bordo. La tripulación había desaparecido misteriosamente sin dejar rastro.
En el momento en que fue hallado a la deriva, el Mary Celeste estaba en mejores condiciones que muchos de los barcos que cruzaban regularmente el Atlántico. Aparte de algunos signos que indicaban que el barco había soportado recientemente una tormenta, resultaba inexplicable que su tripulación lo hubiese abandonado.
En la mesa del camarote del capitán se encontró el diario provisional de a bordo. Decía: «Lunes 25. A las 5 llegamos a la isla de St. Mary, en dirección ESE. A las 8, la punta este estaba al SSO, a 3 km de distancia.»
En el camarote del primer oficial se encontró un mapa que mostraba el rumbo del barco hasta el 24 de noviembre.
El rol del barco, junto con la relación de los nombres de quienes zarparon en él, también desaparecieron. En el interior de la nave nunca no se encontró el cronómetro, el sextante, el libro de navegación y una pequeña yola o bote que había estado amarrada a la escotilla principal.
Un trozo de barandilla había sido arrancado para lanzar el bote al agua. Esto, por lo menos, sugería el modo en que había procedido la tripulación: en apariencia, habían abandonado el barco.
Pero la pregunta es: ¿Qué razones pudieron tener los tripulantes para abandonar una goleta en perfectas condiciones, prefiriendo aventurarse en alta mar en un bote pequeño y de dudosa estabilidad?
Sabido es que sólo se abandona un barco como una medida desesperada, cuando no hay otra alternativa; sin embargo, como declaró después uno de los tripulantes del Dei Gratia, el Mary Celeste estaba en condiciones de dar la vuelta al mundo.
Entonces, ¿por qué fue abandonado?
Ese es justamente el misterio.