Conocido también como “el triángulo del diablo”, el triángulo de las Bermudas es un area de 3.900.000 kilómetros cuadrados situada entre las islas Bermudas, Puerto Rico y Florida, en dónde se han producido inexplicables y repentinas desapariciones de barcos y aviones.
Se dice que casi un centenar de naves entre barcos y aviones han desaparecido en el área del triángulo. Uno de los casos más sonados fue el de los cinco bombarderos estadounidenses tipo torpedo que despegaron de Fort Lauderdale el 5 de diciembre de 1945, en un vuelo de entrenamiento rutinario y con buenas condiciones meteorológicas.
A las pocas horas, la central de radiotelegrafía recibió un mensaje desconcertante de algunos de los pilotos: “No sabemos dónde estamos, no sabemos nuestra posición”. Nunca se volvió a saber de ellos. Incluso el hidroavión que fue enviado para su búsqueda, también desapareció.
Otro caso misterioso es el de Helen Cascio, piloto que volaba un Cessna 172. Los operadores de la torre que seguían su vuelo escucharon a la piloto decirle a su único pasajero: "he debido hacer una falsa maniobra. Esta debería ser Turco, pero ahí no hay nada. No hay aeropuerto. No hay casas, no hay nada...". Los controladores intentaron entrar en contacto con ella pero Helen nunca respondió. Posteriormente recibieron la que sería su última frase: "¿No hay manera de salir de esto...?"
La parte más extraña de las desapariciones misteriosas es que éstas no han dejado nunca rastros ni restos en el mar. Si los barcos hubieran naufragado, los equipos de búsqueda habrían encontrado partes del mismo como salvavidas o manchas de aceite en el agua. Y lo que más impresiona es que dichas desapariciones no pudieron ocurrir por efecto de huracanes o ciclones, ya que la mayoría de ellas se dieron con buen tiempo.
Históricamente, esta zona del océano también ha estado presente en las leyendas de los navegantes. En el pasado reciente los accidentes de barcos se atribuyeron a tempestades, a la piratería o a motines. Los marinos lo denominaban “Limbo de los perdidos” como una prolongación del Mar de los Sargazos, que de forma extraña hacía inutilizables las brújulas y los instrumentos de navegación. El mismo Cristóbal Colón refirió en sus diarios haber visto extrañas “formas y luces en el horizonte”.
En la década de los 50 se registraron varias desapariciones: el Globemaster (1950), el York (1952), y el vuelo militar Martín PM5 (1956). Entre los navíos extraviados también existen casos célebres como los del Pickering (1800), Wasp (1814), Wild Cat (1824), Atlanta (1880) o Cyclops (1918). Este último era un buque carbonero de los EEUU y en su última comunicación por radio indicaba las buenas condiciones climatológicas y el correcto funcionamiento del barco. Ni antes ni después de su desaparición se recibieron mensajes de auxilio y aún sigue siendo una incógnita para la marina estadounidense.
Han sido muchas las hipótesis sobre lo que ocurre en el Triángulo de las Bermudas, aunque es lógico que no todas tengan el mismo fundamento. Una teoría sostiene que la causa de estos hechos es la gran profundidad que hay en la zona, lo que explicaría por un lado que las brújulas e instrumentos de vuelo no funcionen, y por el otro, la ausencia de restos de accidentes o naufragios.
También hay, naturalmente, explicaciones que relacionan la leyenda del triángulo con lo paranormal. Se habla por ejemplo de la existencia de una base extraterrestre sumergida, o de la aparición de un bucle “espacio-tiempo” que traslada los barcos y aviones a través de estas magnitudes, o dimensiones paralelas en el tiempo. Para apoyar esta última teoría se plantea el caso de un Boeing 727 que, al aproximarse a la pista de aterrizaje, apareció inexplicablemente adelantando por espacio de 10 minutos. A la llegada del vuelo, ninguno de los tripulantes o pasajeros notó nada extraño, mientras que el personal del Centro de Control estaba asombrado por el suceso.
La teoría “más racional” para muchos se formuló hace apenas unos años. El geoquímico Richard McIver postuló la existencia de grandes bolsas de gas metano en el interior de los depósitos de sedimentos, que con los movimientos del subsuelo marino, serían liberados repentinamente.
Si en este proceso circulara un barco cerca de estas emisiones gaseosas, podría resultar hundido en cosa de minutos por causa de las fuertes turbulencias que se generarían en alta mar. La desaparición de restos y tripulantes también se justificaría con la presencia de este fenómeno, pues el rápido ascenso del metano gasifica el agua e impide que flote cualquier cosa.
Racionales o absurdas, científicas o profanas, hay muchas explicaciones para el enigma.
Pero el misterio sigue ahí, esperando a ser resuelto.