Transformar a un príncipe en una rana no es nada extraordinario y se consigue con relativa facilidad. Cualquier malhumorado jefe de sección lo lleva a cabo a diario. Pero transformar a una rana en un príncipe, eso exige en alto grado arte o magia, o amor.
El exilio es una vitamina para la literatura. La engorda.
La nostalgia de los judíos repetidamente deportados hizo posible la Biblia. La de los iberoamericanos exiliados inspira hoy boleros tristísimos y encantadores. Vivir permanentemente como gallina en corral ajeno es muy malo para la vida, pero nutre y robustece las novelas.
Dígalo si no Benedetti o Bryce Echenique, que no aguanta más y anda ahora preparando su retorno a Perú, luego que bien ha disfrutado de la rentabilidad de la nostalgia en lo literario. Resultado de esta nostalgia exílica, sublimada ahora en el amor epistolar y distante entre un cantautor peruano y una hija de la alta burguesía de El Salvador, es la última novela de Echenique: La amigdalitis de Tarzán.
El humor es una constante en la novela. Los personajes demuestran a cada paso que están por encima de los esquemas habituales. La transgresión empieza por el título: resulta grotesco imaginar un Tarzán atacado de amigdalitis, mudo enmedio de la jungla a resultas de una enfermedad trivial. Un tarzán que, además, es mujer. Y así de paradójico todo lo demás.
La otra constante que recorre el libro, muy de las tradiciones exílicas por cierto, es la oralidad, el soberbio que gasta Echenique de contar las cosas, que uno cree que le están hablando, que no las está leyendo. Peruanismos, neologismos, arcaísmos, titubeos, malabares con el léxico... están al servicio de esta oralidad, lograda con talento. El lector escucha -no lee el relato en primera persona de Juan Manuel, trepidante y epistolar cuanto más cerca está el desengaño final.
Moraleja: el amor duradero únicamente es viable si hay distancia por medio.
Esta sabiduría se alcanza desde perspectivas privilegiadas como, por ejemplo, la de un exiliado, la de aquel que haya vivido instalado en la precariedad.
El título es novedoso, si. ¿Amigdalitis? Bueno, podría ser apendicitis, tortícolis o rinitis. Pero a lo que tarzan en verdad se expone por andar colgado de las lianas es a una horquitis ¿noooo?