Lunes por la mañana.
He decidido regresarme el lunes, más que por el cansancio, por el interés de averiguar si Amy le revelaba alguna cosa a mi inquilina. Pero no tuve suerte. Amy durmió como un ángel sin despertar para nada.
Mientras conduzco, me da por analizar la sumisa actitud de Pili cuando tiene frente a sí a la inquieta jovencita de rasgos orientales. Es como si Amy ejerciera sobre ella un inmenso poder de atracción, como si la fuerza de su personalidad absorbiera la sustancia de sus sentimientos más ocultos. Aún dormida, me he dado cuenta de que Pili la idolatra, que su simple presencia le impele a adorarla como si fuese una deidad.
Hoy es lunes y todo sigue igual. Ignoro la autoría de los anónimos, el vínculo de Amy con Sussete, el papel que juega Pili en todo esto. Ignoro los motivos de Maruca para invadir el dormitorio y desconozco, para no variar, en dónde estuvo Amy en estos días.
Pero si hay algo que me quema el seso es desconocer la identidad del homicida de la hermosa rubia del Laforet. A él sólo lo ví una vez en el café, pero nada más. Está claro que el tipo de la barba negra sostenía una explosiva relación con la camarera en la que imperaba el exhibicionismo, la extorsión y la violencia. Y aunque cuento con las fotos, no tengo la menor idea de quién pueda tratarse.
Al llegar, he visto a Ticha platicando con una de sus vecinas. Me saluda desde lejos cuando cruzo hacia mi apartamento. Entro. Lo que miro me horroriza.
Todo está tirado y en desorden.