Transformar a un príncipe en una rana no es nada extraordinario y se consigue con relativa facilidad. Cualquier malhumorado jefe de sección lo lleva a cabo a diario. Pero transformar a una rana en un príncipe, eso exige en alto grado arte o magia, o amor.
Cien años antes de las primeras señales ópticas de Claude Chappe, en 1794, una carta de Fenelon, fechada el 26 de noviembre de 1695, y dirigida a Jean Sobieski secretario del rey de Polonia, menciona recientes experimentos, no sólo de telegrafía óptica, sino de telefonía por portavoz.
En 1636, un autor desconocido, Schwenter, estudia ya, en sus Recreaciones psicomatemáticas, el principio del telégrafo eléctrico y cómo, según sus propios términos, "dos individuos pueden comunicarse entre sí por medio de la aguja imantada".
Pues bien, los experimentos de Oersted sobre las desviaciones de la aguja imantada datan de 1819.
Me preunto por qué no se siguió esperimentando...quizá ahora mimos estaríamos, si se hubiera hecho, habitando en otros mundos...¿ex aventurado dxir esto?