Apenas se puede insistir en las perspectivas del campo médico y farmacéutico antiguo, casi inexplorado y abierto a tantas investigaciones.
La importancia del tratamiento de las quemaduras, cuestión tanto más grave cuanto que los accidentes de automóvil y de aviación la plantean prácticamente a cada minuto, eran sin embargo en la Edad Media, devastada sin cesar por los incendios, cosa conocida.
Esta época, que era tenida por muchos como “ignorante”, descubrió los mejores remedios contra las quemaduras, habiendo sido completamente olvidadas sus recetas.
A este respecto, conviene saber que ciertos productos de la antigua farmacopea, no solamente calmaban los dolores, sino que permitían evitar las cicatrices y regenerar las células.
En cuanto a los colorantes y barnices, sería superfluo recordar la alta calidad de los materiales elaborados según los procedimientos de los antiguos.
Los colores admirables utilizados por los pintores de la Edad Media no se han perdido como generalmente se cree; se conoce al menos un manuscrito en Francia que da su composición, pero nadie ha soñado jamás en adaptar y comprobar estos procedimientos.
Sin embargo, los pintores modernos, si vivieran dentro de un siglo, seguro no reconocerían sus telas porque los colores utilizados actualmente no van a durar mucho.
Según parece, los amarillos de Van Gogh han perdido ya la extraordinaria luminosidad que los caracterizaba.