No puedo menos que pegar un grito al ver que Amy le ha abierto la puerta a alguien que ya he visto en otra parte. Un escalofrío me recorre la espalda y la cara se me transforma
—Vaya…creí que no abrirías.
—¿Qué haces aquí? —dice Amy en un susurro.
—Necesitaba verte… es todo.
—Por favor, no aquí. Mi amiga podría venir y …
—Si tú no me buscas, tengo que hacerlo yo. —la interrumpe.
—¿Buscarte? ¿En dónde habría de buscarte? ¿Quieres que la policía sospeche?
—¡Calla! La policía nada sabe.
—¿Ah, no? ¿Y qué hiciste con el cad…?
—Tranquila, nena, que eso es cosa mía.
Se hace un prolongado silencio.
El hombre de barbas se ha sentado sobre el chirimbolo de pana con las piernas cruzadas. Amy, de pie, se coloca frente a él.
—Tengo miedo, Cucho…creo que hemos ido demasiado lejos. Al principio yo no…
—Nada de lejos, linda. Créeme que aún tenemos cosas importantes por hacer …por ejemplo, tu amiguita…
—¡No! A ella no la menciones.
—¿Ah, no?
—No...
—¿Te tengo que recordar las cositas que sé de tí? ¿Quieres que
la tira se entere de todo, Amy?
—No…no…
—¿Estás segura?
Amy se da la media vuelta y va presurosa hacia la puerta. Se asoma y vuelve a cerrar.
—Ella…ella me ha ayudado…me ha…
—¿Y qué fue lo que hizo Susy? ¿Ella no te ayudó? —la vuelve a interrumpir.
La joven asiente.
—Es lo mismo, Amy, no hay diferencia. Tienes que entenderlo.
La chica no responde. Su mirada está puesta en la puerta de la calle.
—Por favor, Cucho…ella casi va a llegar.
—Mejor todavía —sonríe con sarcasmo—. De ese modo tendríamos una plática interesante. ¿Crees que le gustará filmar?
Amy palidece.
—Sabes bien cual es mi interés por ella, chica.
Amy asiente, antes de volver a balbucear:
—Cucho… Pili llegará de un momento a otro…
—¿Y qué es lo que propones? —responde sonriendo.
—Vámonos a otro lado…iré a donde me digas.
—¿En serio?
—Ujú.
—Muy bien…anda alístate; te esperaré en la esquina.
La jovenzuela asiente.
El hombre de la barba negra se ha ido, y yo no puedo contener la rabia.