Históricamente, la conservación de la técnica fue uno de los objetivos de las sociedades secretas. Los sacerdotes egipcios guardaban celosamente las leyes de la geometría plana, y así por el estilo.
Recientes investigaciones han comprobado la existencia en Bagdad de una sociedad que detentaba el secreto de la pila eléctrica y el monopolio de la galvanoplastia... hace dos mil años.
En la Edad Media, en Francia, Alemania y España, se formaron concejos de técnicos. Vean ustedes la historia de la alquimia. Vean el secreto de la coloración roja del vidrio, mediante la introducción de oro en el momento de la difusión. Vean el secreto del fuego griego, aceite de lino coagulado con gelatina, antepasado del napalm.
Pero no todos los secretos de la Edad Media han sido descubiertos: el del vidrio mineral flexible, el del procedimiento sencillo de obtención de la luz fría, etc., aún están pendientes.
De igual manera asistimos ahora a la aparición de grupos de técnicos que guardan los secretos de fabricación, ya se trate de técnicas arte–sanas como la fabricación de armónicas o de bolos de cristal, ya de técnicas industriales como la producción de carburantes sintéticos.
En las grandes fábricas atómicas americanas, los físicos llevan insignias que revelan su grado de saber y de responsabilidad. No se puede dirigir la palabra más que al portador de una insignia igual. Así se constituyen medios cerrados en todo semejantes a los concejos de la Edad Media, ya se trate de aviación a reacción, de ciclotrones o de electrónica.
Para completar el cuadro hay que tener en cuenta los grupos de técnicos dispuestos a trabajar para los países que ofrezcan más. Son los nuevos mercenarios. Son las «espadas de alquiler» de nuestra civilización, en la que el
condottiero viste bata blanca.
Con ellos se forjarán verdaderos imperios.