jueves, 07 de julio de 2005
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Jean Frédéric Schweitzer, llamado Helvetius, violento adversario de la alquimia, explica que, en la madrugada del 27 de diciembre de 1666, se presentó en su casa un desconocido.

Era un hombre de aspecto honrado y grave, de rostro autoritario, y que vestía una simple capa, como los menonitas. Habiendo preguntado a Helvetius si creía en la piedra filosofal (a lo cual el famoso doctor respondió negativamente), el desconocido abrió una cajita de marfil que contenía tres pedazos de una sustancia parecida al vidrio o al ópalo.

Su propietario declaró que era la famosa piedra y que con una cantidad tan ínfima podía producir veinte toneladas de oro. Helvetius sostuvo en la mano uno de los fragmentos y, después de dar las gracias al visitante por su amabilidad, le rogó que le diera un poco.

El alquimista se negó, añadiendo cortésmente que ni por toda la hacienda de Helvetius se separaría de la menor partícula de aquel mineral, por una razón que no le estaba permitida divulgar.

Al rogarle que ofreciese alguna prueba de lo que decía realizando una transmutación él mismo, el extranjero respondió que volvería tres semanas más tarde y mostraría a Helvetius una cosa que le dejaría asombrado.

Se presentó puntualmente el día prometido, pero se negó a actuar, afirmando que le habían prohibido revelar el secreto. Accedió, empero, a darle a Helvetius un pequeño fragmento de la piedra, "no mayor que un grano de mostaza".

Y como el doctor expresara sus dudas de que una cantidad tan pequeña pudiese producir el menor efecto, el alquimista rompió el corpúsculo en dos, arrojó una mitad y le tendió la otra, diciendo: "con esto le bastará."

Helvetius tuvo entonces que confesar que, durante la primera visita del extranjero, había logrado apropiarse de algunas partículas de la piedra y que con ellas había transformado el plomo, no en oro, sino en vidrio. "Habríais tenido que envolver vuestro botín en cera amarilla –respondió el alquimista–; esto habría ayudado a penetrar el plomo y a transformarlo en oro."

El hombre prometió volver al día siguiente, a las nueve de la mañana, y realizar el milagro; pero no acudió, y tampoco al siguiente día. La mujer de Helvetius le persuadió de que intentara él mismo la transmutación.

Helvetius procedió de acuerdo con las instrucciones del extranjero. Derritió tres dracmas de plomo, envolvió la piedra con cera y la dejó caer en el metal líquido. ¡Éste se transformó en oro!

Lo llevaron inmediatamente al orfebre, el cual declaró que era el oro más fino que jamás hubiera visto, y ofreció por él cincuenta florines por onza.

Helvetius, al terminar su explicación, dijo que seguía teniendo en su poder el lingote de oro, prueba tangible de la transmutación.
La noticia corrió como reguero de pólvora. Spinoza, al que no podemos contar entre los ingenuos, quiso llegar hasta el final de la historia.

Visitó al orfebre que había dictaminado sobre el oro. Su informe fue más que favorable: al fundir aquél, la plata incorporada a la mezcla se había transformado igualmente en oro.

El orfebre Brechtel era monedero del duque de Orange. Conocía ciertamente su oficio. Es difícil creer que fuera víctima de un engaño o que hubiese querido burlarse de Spinoza.

Spinoza se dirigió entonces a la casa de Helvetius, el cual le mostró el oro y el crisol que había servido para la operación. Algunos restos del precioso metal permanecían aún adheridos al interior del recipiente.

Spinoza quedó convencido de que se había producido realmente la transmutación.
Publicado por OswaldoLilly @ 1:16
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Comentarios
Publicado por Colombinah
jueves, 07 de julio de 2005 | 3:36
Yo quiero, yo quiero, jejeje, yo quiero la mitad de un medio gramo de esa piedrecita filosofal para hacer aunque sea un kilito del semipuro. ¿se puede? Rebotado
Publicado por CarmenVives_24
lunes, 18 de julio de 2005 | 17:52
Si la piedra filosofal existe tuviéramos signos de su existencia ¿no? Lo digo por la conocida sentencia de que nada puede estar oculto. Es una opinión. Saludos oswaldo, bastante interesante lo que escribes.
Publicado por jokimii
jueves, 11 de agosto de 2005 | 15:39
tons el secreto está en la quimica? ay que feo se oye eso. yo creo que hay algo mas valioso, algo mucho mas grande que un proceso fisicoquimico, que no es eso lo mas importante. podria ser el mundo espiritual? anda, tal vez. :]
Publicado por Visitante
lunes, 20 de julio de 2009 | 17:13
No hagais tesoros en la tierra... los mejores tesoros son los que hacéis en el cielo. Misericordia quiero y no sacrificios, dijo Cristo.