Desde donde estoy parada puedo ver la dársena dibujada a través del celaje de la lluvia. A pesar del mal tiempo, he sentido deseos de conducir hasta la costa para ver el mar. Necesito despejarme mirando al horizonte.
Las ondas de agua se elevan y se abaten fastidiosas, mientras un barco navega pesadamente sumido entre la niebla. He cogido varias piedras para lanzarlas al agua, y las arrojo. Ni siquiera puedo ver el sitio en donde caen.
El pensamiento que he tenido horas antes aún me mantiene indecisa. ¿Qué puedo ganar revelándole todo a Pili? Es posible que para mí no represente una ventaja, pero sin duda lo será para ella. Sé que Pili está indefensa: ¿creerá lo que yo le diga?
Marcho a paso lento por el muelle mientras la cellisca me empapa, pero no me importa. Necesito pensar, apartarme de ideas viejas para trocarlas por nuevas. Está claro que algo ha fallado. Es tiempo de mudar de aires.
No es que piense dejar las cosas como están; simplemente debo cambiar de estrategia.
Viernes por la mañana.
Detengo el auto en otra de las plazuelas del centro y desciendo.
Llevo en la mano uno de los tres catálogos de cosméticos con caligrafía impecable que apenas sustraje del dormitorio de Pili. He hallado en él ciertas pistas que quizás me ayuden.
Hoy he deambulado por todos los mercados de la ciudad, y no he visto nada. Sólo un nombre me da vueltas en la cabeza:
«Roxen», «Roxen», «Roxen».
Es casi mediodía, y este es el quinto mercado que exploro. Rondo por los pasajes sin darme por vencida. Diviso una expendeduría de electrónicos que me llama la atención. Me acerco. Hay gente alrededor de los estantes, y me mezclo. Por lo visto aquí venden de todo, principalmente compactos y accesorios digitales. Hay un pequeño escaparate que reza: «Roxen, todo en electrónica». Voy y vengo por los pasillos para hacer tiempo, pero no descubro nada nuevo.
He visto aparecer de pronto a Leónidas por una de las entradas de la plaza. Luego de intercambiar palabras con la dependienta, se marcha de nuevo.
Yo le he seguido hasta el estacionamiento, donde le miro abordar un pequeño auto gris.
Me escurro hasta mi coche para alcanzarlo.