La luz del sol se refleja en los charcos como si éstos fueran espejos tirados sobre el suelo.
El auto gris discurre por calles llenas de tráfico, pero jamás lo pierdo de vista. Un vago presentimiento me asalta y hay adrenalina atiborrándome el pecho. Media hora después, el hombre se ha detenido frente a un viejo edificio de departamentos. Enseguida desaparece.
Por seguridad, decido esperar. Un taxi se ha estacionado una cuadra más allá. He visto a Amy descender de él y caminar apresuradamente hasta la entrada del edificio. En esta ocasión, me decido a entrar.
El vestíbulo es amplio, pero las escaleras son estrechas. Puedo escuchar el ruido de las zapatillas de la joven mientras sube atropelladamente. Yo la sigo a una distancia prudente. En el tercer piso, Amy sale de la escalinata. Me apresuro. Necesito ver en dónde se mete.
Apenas me he asomado al pasillo y ya escucho el rumor de voces. Alguien ha abierto una puerta por donde Amy desaparece. Avanzo a paso lento hasta quedar frente a la entrada. Se escuchan ruidos y rumores, pero no puedo captar nada.
Transcurre el tiempo y mi ánimo flaquea. No es posible que por dos horas los haya tenido ahí dentro sin saber lo que hacen.
De pronto he oído un grito que me estremece. ¿Será acaso Amy? Más gritos rompen de nuevo el silencio. Ahora no tengo dudas de que se trata de una mujer. He oído ecos y voces alteradas, y algunos golpes secos que me alarman.
En un acto de previsión, me aparto de la puerta para ir a esconderme en un punto contrario a las graderías.
Casi levanto las manos al cielo al escuchar abrirse la puerta. Me asomo. Amy y Leónidas han salido, escudriñando con atención el pasillo. A una señal del hombre, levantan un bulto recubierto con plásticos. Leónidas se ha echado la carga al hombro y Amy le sigue escaleras abajo.
He esperado a que desciendan un par de pisos para salir de mi escondite. Al llegar al vestíbulo, me agazapo a un lado del portal.
Amy ha abierto la arcuela donde Leónidas descarga el fardo. Abordan el auto gris y se marchan.
Yo no los sigo. Esta vez mi mente divaga en otra cosa.
Vuelvo los ojos hacia la escalinata del edificio.
Pienso.