Kylie Minogue era a fines de los 80 algo así como la respuesta australiana a Debbie Gibson y a Tiffany (abuelas conceptuales de las actuales Christinas, Britneys, Mandys y Jessicas), pero con mucha más onda que ese par de desabridas gringas.
Allí donde Tiffany era la pelirroja perfecta y Debbie la virginal mejor alumna que por tocar piano creía tener derecho a ser tratada con madurez, Kylie era puro sexo... Sexo teen, sexo con jumper que por mucho es el más excitante. Y eso que era la más chica de las tres.
Mientras Tiffany corría por Boston con jeans y chaquetas nevadas (horror) y Debbie, vestida de blanco y llorosa le cantaba a un rubio con pelo sobrepoblado de gel que "estaba perdida en sus ojos", Kylie hacía un cover de "locomotion" (una de las canciones más insípidas pero poderosamente pop de la historia) y arrasaba en los ranking.
Claro, seamos honestos, más que por la canción por su infartante look de lolita profanable. Vestida con lycra, mostrando su ombligo perfecto y apretando sus tetas jugosas en colorinches petos (antes que todas los usaran) Kylie era la más guapa de todas, siempre lo fue y siempre lo será. Si Tiffany y Debbie eran tu amiga y tu novia, Kylie era tu amante. Y ser amante a los 16 es que el partido lo ganó por penal. Por lo mismo no fue casual que Minogue fuera de las pocas estrellas pop de los 80 que sobreviviera a la extinción masiva, aunque acá le perdiéramos la visa. Pero esa es otra historia.
En fin. El asunto es que en el ocaso del pop ochentero, Kylie se viró a Inglaterra donde se dedicó a actuar en series, cantar en shows juveniles y modelar para revistas y catálogos. Tanto así que mientras en el resto del planeta era prácticamente invisible, en la isla de la Reina Madre, su popularidad era tan grande que sólo fue eclipsada cuando aparecieron las insufribles Spice Girl.
Gastó tiempo madurando (notablemente bien) y arrastrando a su hermana Dani en el periplo. De paso aprovechó de mover el trasero con mutantes del star sistems como Michel Hutchense (difunto vocalista de INXS), el guitarrista del mismo grupo, David Gahan (vocalista de Depeche Mode) y Nick Cave, rompiendo la relación de este gótico príncipe oscuro con la inquietante P. J. Harvey. De alguna forna Kylie fue en inglaterra una especie de Madonna en menor escala, que hizo más historia por sus escándalos y sus fotos en pelotas que por su ultrapapísima carrera musical.
Por más de una década no supimos nada de Kylie, ninguna canción suya se escuchó en este lado del mundo (salvo su duo con Nicolás Cuevas -AKA Nick Cave-) a pesar de que en Inglaterra vendía más que los Rolling Stone y llenaba más portadas que la entonces Princesa Diana.
La mujer más deseada y famosa de Inglaterra por casi 15 años, pasó de ser una exquisita adolescente de grandes ojos azules, a convertirse en una aventurera de 32 años con un cuerazo de primera calidad, con cara y cuerpo de escándalo cuyo aspecto parece diseñado para el placer.
Y no sólo eso, su genética corporal la ha convertido en una máquina del pop, un símbolo viviente del perfecto placer culpable, del gusto sabroso por una Bigmac con carne de la más alta calidad. Salvo por ese raro y gótico video a dúo con su entonces novio Nick Cave, no supimos mucho de ella hasta el año pasado. Su regreso definitivo fue gracias al maestrísimo Robbie Williams (AKA Madonno) el bastardo más sobrao del primer mundo, el único mutante capaz de burlarse de sí mismo y ser al mismo tiempo más groso que lo groso.
El asunto es que Robbie Williams trajo de regreso a Minogue y lo hizo con tanta fuerza que dejó a todos los pajeros del mundo preguntándose quien chucha era ese cuerón de carne que acompañaba al cantante en uno de sus videos. La diosa que meneaba su escandalosa ensalada de curvas y terminaba mojando su cuerpo en un jacuzzi gigante contra el cantante de "Rock D.J".
Sus últimos discos entraron con fuerza brutal en EEUU; los australianos la quieren coronar reina y el video bastante rotado en MTV tiene a todos los poperos del mundo en acción inspirados en su escote de fuego y sus curvas forjadas en las llamas del monte del destino, igual que el anillo de Sauron.
Venga, Kylie, recupérate de esa operación en los pechos y vuelve a los conciertos de napalm y dinamita.
Vale.
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