viernes, 08 de julio de 2005
235x389px - 11.5 Kbytes

¡Qué horrorrr!

No fue una mariposa el animal que inspiró Lolita, según el mismo Nabokov, sino un simio.

xD, ¿tanto asíiii?

La idea de escribir un relato «ninfulesco» se le ocurrió después de leer una noticia en el diario que comentaba el caso de un mono encerrado en un zoológico que, educado por unos científicos, había aprendido a dibujar. El primer dibujo que hizo el cautivo fue el de los barrotes de su jaula. La anécdota lanzó a Nabokov a escribir un cuento titulado «El hechicero», cuyo argumento incluía una nínfula y un sujeto maduro arrebatadamente enamorado de ella.

Puede resultar desconcertante que la inspiración de una criatura tan frágil haya sido un simio sabihondo y no una mariposa. Pero lo perturbador de ese garabato de rejas ha logrado pasar, mágicamente, a la lectura de Lolita.

También ella dibujaría líneas verticales si alguien le hubiese enseñado a dibujar. Y tal vez también las célebres mariposas del escritor, de las que se sentía tan orgulloso, habrían dibujado redes.

Para todos aquellos que saben de la afición de Nabokov por la lepidopterología –esa especialidad de la entomología que se dedica al estudio de las mariposas– resultan obvias las consecuencias de ello en su literatura. Son dos las más importantes: dominar el destino de una especie atrapada en la red, y el gusto científico y artístico por los detalles. «En el arte, como en la ciencia pura, sólo importan los detalles», ha dicho Nabokov, y es un hecho comprobado que un escritor que se precie, según él, debe dedicarse a particularidades como la impresión del color de los ojos de sus protagonistas o la resonancia fonética de sus nombres, antes que en las generalidades de la representación de una ideología.

Del mismo modo, un científico, digamos un entomólogo, está interesado sobre todo en captar y describir las diferencias en las manchas de las alas de un insecto antes que en disertar sobre la evolución de la especie.

Alguna vez lo interrogaron sobre cuáles eran los grandes temas que le preocupaban en su literatura. Él respondió: «Cuanto más grande el problema, menos me interesa. Algunos de mis intereses mayores son las manchas microscópicas de color». Cuando se le preguntó sobre cuál sería para él «el viaje perfecto», Nabokov dijo que un lugar donde ningún entomólogo haya puesto el pie. Luego agregó: «El caminante corriente quizá sienta al salir una punzada de placer […], pero el frío del mango metal de la red en la mano derecha aumenta el placer hasta un arrobamiento casi intolerable».

Para Nabokov, la experiencia de atrapar mariposas era una experiencia estética. Dijo: «Los placeres y las recompensas de la inspiración literaria nada son al lado de la embriaguez de descubrir un nuevo órgano con el microscopio en una especie sin clasificar en las laderas de las montañas de Irán o del Perú». Quizás esto es lo que más llama la atención de su gusto por las mariposas. Las referencias a la entomología siempre son espléndidas y poéticas.

Durante sus primeros años en Estados Unidos, hacia 1940, Nabokov se dedicó profesionalmente a la entomología. Fue investigador en el departamento de entomología del Museo de Zoología Comparada de la Universidad de Harvard. Se dedicaba allí a la clasificación de las especies de mariposas, que incluía la observación con microscopio así como el dibujo naturalista de sus peculiaridades.

La imagen de sí mismo como un científico riguroso que por azar había adquirido fama literaria era una de las bromas o pedanterías más célebres de Nabokov. «Los lepidopterólogos son científicos oscuros. El diccionario Webster no menciona ni uno. Pero no importa. He reelaborado la clasificación de diversos grupos de mariposas, he descrito y representado varias especies y subespecies. Los nombres dados por mí a los órganos microscópicos que fui el primero en ver y pintar se han abierto paso hasta los diccionarios biológicos (compárese esto con la desdichada definición de ‘nínfula’ en la última edición del Webster). Los encantos tangibles de la delineación exacta, el paraíso silencioso de la ‘cámara lúcida’ y la precisión de la poesía en la descripción taxonómica representan el aspecto artístico de la emoción que produce en su primer procreador la acumulación de saber absolutamente inútil para el lego».

El ejercicio de la entomología era así una metáfora de la libertad y un elogio a la individualidad.


La cita anterior resume la esencia no sólo de la literatura nabokovniana, sino de la razón de ser de su afición. No es de extrañar que él gustara tanto de fotografiarse o filmarse en pantalones cortos y con redes para atrapar mariposas, caminando concentrado por un bosque o una montaña.

Esa es la imagen de un ser extraño, raro y, por consiguiente, único. Al igual que todos sus personajes, Nabokov tenía la vanidad de saberse extravagante por ser especial. Se consideraba un genio, y lo era en el sentido estricto del término: un extraño fuera de lo común. Así entendía Nabokov el ejercicio de la libertad. Es decir, no pensar como nadie más, escribir como sólo él escribía, no pertenecer a ningún grupo ni cofradía, no seguir ninguna ideología preestablecida y apartarse del rebaño del «buen gusto» (lo llamaba «filisteo»Guiño, que no era sino una suma de generalidades y trivialidades.

La oscura fama del entomólogo no lo apasionaba por ignorada (él jamás hubiera soportado el anonimato), sino por incomprensible para la masa. También en su literatura gustaba de ser un incomprendido.

En sus clases universitarias detestaba los análisis generales y los «grandes temas literarios». En el ejercicio de la crítica odiaba que se midiera con la misma vara obras tan diferentes como la de Tolstoi o Dostoievski sólo por el hecho de que ambos eran rusos.

Se desmarcaba del gusto literario imperante (descalificó a toda la generación de escritores estadounidenses desde Faulkner hasta Hemingway) y exigía ser leído en su contexto, con un molde que sólo servía para él y sus novelas.

Quizá sería bueno a estas alturas comentar el hecho de que la mujer de Nabokov solía acompañarlo en sus travesías en busca de mariposas. Se dice que varias veces él corrió a pasarle la voz para que ella lo viera capturar un espécimen particularmente interesante.

Nabokov era un ser absolutamente irritable y ofuscado ante la crítica. Reclamaba en ella la moral de la ciencia, según la cual sólo quien está en capacidad de juzgar puede hacerlo. La literatura, en la que cualquier ignorante tiene opinión y la rebuzna, le parecía en ese sentido un enorme disparate. En sus clases literarias, por ejemplo, obligaba a sus alumnos a hacer esfuerzos de memoria impresionantes en contra de la formación contemporánea, que exige fomentar más la opinión y el contraste. A sus críticos los obligaba a una erudición contundente antes de atender a sus comentarios, como lo demuestra su correspondencia.

Mariposas o simios, simios o mariposas, no importa. Nabokov de todos modos se las gasta con su Lolita.



Más información: www.etiquetanegra.com
Publicado por Colombinah @ 23:19
Comentarios (4)  | Enviar
Comentarios
Publicado por jokimii
jueves, 18 de agosto de 2005 | 2:54
bueno, tendre que leerme el libro de nabokov pq como veo la cosa va a ser q es una maravilla...:]
Publicado por OswaldoLilly
miércoles, 14 de septiembre de 2005 | 1:10
Una de las novelas tipo en su género ésta de Nabokov, que es además un pilar que ha servido de base para las nuevas generaciones de eroticoescritores. Genial eso del simio, Colo.Guiño Un abrazo.
Publicado por Sayuuz
domingo, 30 de octubre de 2005 | 18:05
Quisiera leer Lolita ¿alguien la tiene?Payaso
Publicado por Visitante
jueves, 04 de junio de 2009 | 15:25
Esta novela se ha alabado mucho, pero he leido otras eroticas mil veces mejor que la de Navokov, dependen de gustos personales estas cosas, a no dudarlo.