Transformar a un príncipe en una rana no es nada extraordinario y se consigue con relativa facilidad. Cualquier malhumorado jefe de sección lo lleva a cabo a diario. Pero transformar a una rana en un príncipe, eso exige en alto grado arte o magia, o amor.
Este nombre es el de la primera letra del alfabeto de la lengua sagrada.
En la Cábala, designa el En–Soph, el lugar del conocimiento total, el punto desde el cual el espíritu percibe de un solo golpe la totalidad de los fenómenos, de sus causas y de su sentido.
Se dice, en numerosos textos, que esta letra tiene la forma de un hombre que muestra el cielo y la Tierra para indicar que el mundo de abajo es el espejo y el mapa del mundo de arriba.
El punto Más Allá del Infinito es este punto supremo del segundo manifiesto del surrealismo, el punto Omega del padre Teilhard de Chardin y el remate de la Gran Obra de los alquimistas.
¿Como decir claramente este concepto? Intentémoslo: Existe en el Universo un punto, un lugar privilegiado, desde el cual se descubre el velo de todo el Universo.
Observamos la creación con instrumentos, telescopios, microscopios, etc. Pero al observador le bastaría con hallarse en aquel lugar privilegiado: en un relámpago, se le aparecería el conjunto de los hechos, el espacio y el tiempo le serían revelados en la totalidad y la significación última de sus aspectos.
Para hacer sentir a los alumnos de la clase de sexto lo que podía ser el concepto de eternidad, un padre jesuíta de un célebre colegio se servía de la imagen siguiente:
«Imaginad que la Tierra es de bronce y que una golondrina, cada mil años, la roza con un ala. Cuando toda la Tierra se haya desgastado de este modo, sólo entonces empezará la eternidad...»
Pero la eternidad no es sólo la infinita longitud del tiempo. Es una cosa distinta de la duración. Hay que desconfiar de las imágenes. Sirven para transportar a un nivel de conciencia más bajo la idea que sólo puede respirar en otra altura. Entregan un cadáver al subsuelo.
Las únicas imágenes capaces de transportar una idea superior son las que crean en la conciencia un estado de sorpresa, de extrañamiento, susceptible de elevar esta conciencia hasta el nivel en que vive la idea en cuestión, en que puede ser captada en toda su frescura y su fuerza.
Los ritos mágicos y la verdadera poesía no tienen otra finalidad.
Todo es posible si cabe en la mente, pero la pregunta es: ¿de qué serviría tener un aleph en la mano? Digo, aparte de la fascinación ¿cambiaría mi vida? Es un misterio.