En nuestra moda de apariencias, no puede haber más que una cuasi-lógica. Nada ha sido probado jamás...porque nada hay que probar.
Y cuando digo que no hay nada que probar quiero decir que, para todos aquellos que aceptan la Continuidad, o la fusión de todos los fenómenos con otros fenómenos, sin demarcación posible entre cada uno de los mismos, no hay mas que una sola cosa, en un sentido positivo. Y es por tal razón por lo que no hay nada que probar.
No se puede probar, por ejemplo, que algo sea un animal, porque la animalidad y la vegetalidad no son positivamente diferentes.
Algunas expresiones de vida son tan animales como vegetales o representan la fusión de la animalidad con la vegetalidad. No hay, pues, test, criterios, ni estándares para formarse una opinión.
Distintos de los vegetales, los animales no existen. No hay nada que probarles. No se puede probar, por ejemplo, que algo sea bueno, ya que no hay nada en nuestra «existencia» que sea bueno en sentido positivo y que se distinga verdaderamente del mal. Si es bueno perdonar en tiempos de paz, es malo hacerlo en tiempos de guerra. En este mundo, el bien es continuo con el mal.
En lo que me concierne, no hago más que aceptar. No pudiendo ver las cosas universalmente, me contento con localizarlas. De modo, pues, que nada ha sido probado jamás, y que las declaraciones teológicas están también sujetas a precaución, pero han dominado sobre la mayoría de los espíritus de su tiempo por puros procesos hipnóticos: que en la época siguiente, las leyes, dogmas, fórmulas y principios de la ciencia materialista no han sido jamás probados, pero que los espíritus dirigentes de su reino los han conducido por autosugestión a creer más o menos firmemente en ellos.
Las tres leyes de Newton, que intentan acabar con la positividad, desafiar y romper la Continuidad, son tan reales como todas las demás tentativas de localización de lo universal.
Si todo cuerpo observable es un continuo, mediata o inmediatamente, con todos los demás cuerpos, no puede ser influido solamente por su propia inercia, de modo que no hay medio de saber lo que es el fenómeno de la inercia.
Si todas las cosas reaccionan ante una infinidad de fuerzas, no hay medio de saber cuáles serán los efectos de una sola fuerza imprimida.
Si toda reacción es un continuo con la acción, no puede ser concebida en su conjunto y no hay medio de concebir lo que puede igualar, ni a qué puede oponerse.
Las tres leyes de Newton, entonces, son actos de fe.
Las inercias y las reacciones son personajes mitológicos. Pero, en su tiempo de predominio, han suscitado la creencia, como si hubieran sido probados.
Las enormidades y los absurdos avanzarán.