sábado, 09 de julio de 2005
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Vale.

En otoño de 1883, y varios años después, hubo puestas
de sol tan vivas que nadie antes había observado algo semejante. Hubo también lunas azules.


La sola mención de lunas azules será sin duda suficiente para hacer sonreir a los incrédulos. Sin embargo, en 1883, las lunas azules eran algo tan vulgar como los soles verdes. Era necesario que la ciencia se explicara.

Las publicaciones como Nature y Knowledge recibieron un diluvio de cartas. Supongo que, en Alaska y en los Mares del Sur, todos los brujos fueron sometidos a una prueba parecida. Era preciso encontrar algo.

El 28 de agosto de 1883, el volcán de Krakatoa, en el estrecho de la Sonda, había hecho explosión. Terrible.

El ruido, se dijo, se propagó a tres mil kilómetros de distancia. Hubo treinta y seis mil trescientos ochenta muertos. Este detalle me parece demasiado poco científico: es curioso que no se mencionen tres mil doscientos dieciocho kilómetros y treinta y seis mil trescientos ochenta y siete víctimas.

El volumen de humo desplazado debió ser visible en los planetas vecinos. Atormentada por nuestra agitación, nuestras idas y venidas, la Tierra debió quejarse al planeta Marte, lanzándonos un vasto y negro juramento.

Todos los libros de texto que mencionan el hecho anotan sin la menor excepción que los fenómenos atmósféricos de 1883 fueron registrados por primera vez hacia finales de agosto o primeros de septiembre. Esto complica las cosas. Se pretendía, en 1883, que estos fenómenos eran causados por las partículas de polvo volcánico que había arrojado el Krakatoa.

Sin embargo, los fenómenos se prolongaron durante siete años, después de una pausa de varios años. Durante todo este tiempo, ¿qué le había ocurrido al polvo volcánico?

Una cuestión semejante debería haber conturbado a los especialistas. Pero la ciencia posee la ventaja de ser la incongruencia establecida.

El Krakatoa: he aquí la explicación que dieron los sabios. Se desconoce la de los brujos. La ciencia tiende, en su punto de partida, a negar mientras pueda las relaciones exteriores a esta Tierra.

Con su consideración aligerada de los fenómenos de 1883, los sabios, en un gran arranque de positivismo. han sostenido este disparate: la suspensión de polvo volcánico en el aire durante siete años, después de un intervalo de varios años. Esto antes que admitir que este polvo podía tener un origen extraterrestre.

Es cierto que estos mismos sabios estaban lejos de haber completado la positividad con la unanimidad de sus opiniones: ya que mucho antes de 1883, Nordenskiold se había expresado prolijamente sobre el polvo cósmico, y el profesor Cleveland Abbe se había levantado, en su tiempo, contra la explicación krakatoniana. Pero tal es la ortodoxia de la mayoría de sabios.

Pero esta explicación es absurda: no es plausible admitir que la atmósfera terrestre pueda tener un poder semejante de suspensión.

Existen datos sobre objetos que han ascendido en el aire y han permanecido allí semanas o meses, pero no por la virtud de suspensión de la atmósfera terrestre. La tortuga de Vicksburg, por ejemplo.

Para la ciencia sería ridículo sostener que una tortuga de respetable tamaño haya podido permanecer suspendida durante tres o cuatro meses por encima de la ciudad de Vicksburg, y esto gracias al único sostén del aire.

Pero volvamos al Krakatoa.

La explicacón oficial está descrita en el Report of the Krakatoa Comitee of the Royal Society. Se extiende a lo largo de 492 páginas, con 40 ilustraciones, algunas de ellas magníficamente realizadas en color. Fue publicado después de cinco años de eficiente, artística, y autoritaria investigación.

Las cifras son impresionantes: distribución del polvo krakatoniano, velocidad del transporte, proporciones de la subsistencia, altitud y persistencia, etc.

La desgracia hace que, según el Annual Register , todos los efectos atmosféricos atribuidos al Krakatoa hayan sido apercibidos en la Trinidad antes de la fecha de la erupción, y que, según Knowledge, se les haya observado en Natal, en Africa del Sur, seis meses antes.

¿Pues de qué polvos hablan ellos?




Charles H. Fort


Publicado por OswaldoLilly @ 18:22
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Comentarios
Publicado por Nubeblanca77
martes, 12 de julio de 2005 | 20:03
Ey oswaldo todo esto es sorprendente. ¿de donde sacas la informacion? Oye, que mas me puedes decir de la tortuga que mencionas? son libros o son investigaciones en hemerotecas? me gustaría saber. Un beso.
Publicado por OswaldoLilly
viernes, 22 de julio de 2005 | 1:46
Pos tengo mi biblioteca, Nubecita. Todos los temas que pongo (hablo de los que no son novelescos, jeje) tienen un fundamento, sobre todo en libros antigüos. De la Tortuga de Vicksburg espero mandarte algunas referencias por MP. ¿De acuerdo?
Publicado por Colombinah
martes, 06 de septiembre de 2005 | 23:27
Tortuga voladora?...Mnnnn, pox q contendrían esos polvos venidox de marte?invasorIdea
Publicado por Sayuuz
domingo, 30 de octubre de 2005 | 18:10
Hombre qué interesante es estoGuiño ¿no puedes poner más?
Publicado por Visitante
domingo, 05 de julio de 2009 | 5:03
Esto es realmente asombroso y ademas se sale de lo cotidiano, ¿que dirá la ciencia actual de todo esto?