Nunca perdió de vista. Nunca olvidó.
Es imposible pensar que la literatura se haya olvidado de algo. Mucho menos del amor, o del erotismo. Siempre estuvieron latentes.
Tal vez, no sea latente el término para este caso. Tal vez sea más apropiado en esta línea hablar de pulsión. O mejor de ebullición. La literatura, ese juego infinito y disparatado de palabras, ha recreado interminables historias eróticas.
Podríamos trazar un breve y arbitrario itinerario y recordar alguna de ellas. El Banquete de Platón es un plato delicioso para rememorar algunas definiciones sobre el amor, y para indagar en el amor de los muchachos. La renuncia de Safo de Lesbos. Los castigos en Narciso. En Catulo y sus desdichas, pero también en su amor apasionado. El arte de amar de Ovidio: ¡Imperdible!. Las técnicas para encontrar y conservar un amor. Las técnicas para generar celos. Su importancia. Tácticas y estrategias.
Cómo no detenerse en el amor cortés medieval. Cárcel de amor es una buena estación. Los conflictos de la mediadora: aquella innecesaria Celestina. El apasionamiento de Tristan e Isolda. Romeo y Julieta, otra pareja inolvidable. Un poco más adelante aparecen: la pasión en Rojo y Negro de Sthendal, el amor del Don Juan, el amor romántico de Madame Bovary de Flaubert y el amor desenfrenado de Werther de Goethe.
Ya más acá se divisa el juego fogoso de Rubén Darío, Alfonsina, Girondo con sus luces, Cortázar más concreto... las paradas son interminables. Aunque no quisiera olvidarme de Lolita de Vladimir Nabokov, y tal vez la aparición de un erotismo más sexuado de aquí en adelante.
El itinerario es injusto. Pero debo reconocer su sinceridad. Allí, en pura ebullición, radican los momentos eróticos más sugestivos de la literatura erótica.
Sería bueno recordar el de cada uno... y poder agregarle nuevas estaciones.
Más información: http://www.uolsinectis.com.ar/biblioteca/