Los artículos que se publican en la prensa sobre las mujeres guerrilleras son bastante reveladores.. y hay de todo. Desde los que aceptan que existan hasta los que rechazan la sola idea de que una muejr forme parte de las milicias.
Los conglomerados militares muestran, desde la intimidad de la vida femenina en la guerrilla, hasta el totalitarismo de esa institución que no permite a sus integrantes ejercer las libertades esenciales de la sociedad democrática, como la de expresar sus opiniones y defender sus puntos de vista.
Por ejemplo, para tener relaciones sentimentales con un hombre, las guerrilleras tienen que pedirle permiso al comandante. Por otro lado, se observa que para ellas la vanidad es más difícil de suprimir. Resulta que las guerrilleras tienen hijos con sus compañeros de causa pero los ubican con familiares, quién sabe por cuanto tiempo. Pasan el problema y la responsabilidad a otros.
Una de ellas –25 años con la guerrilla–, invitada a opinar sobre si no siente culpabilidad por abandonar a sus hijos, se defiende con el argumento original de que eso lo hace todo el mundo. Ella no es la única: “La mayoría de mujeres aquí, todas, han tenido hijos”. Su hija mayor ya tiene 27 años, los otros dos los tuvo en el monte.
El asunto no es tan fácil y hay opiniones diversas y encontradas. Algunas no se cuestiona la prioridad que la mujer les da a sus propias inclinaciones por encima de los de sus hijos, ni respecto de las libertades dentro del campamento. Otras pontifican que las guerrilleras son mujeres con mucha responsabilidad que asumen con mayor pasión los compromisos y retos sociales.
Pero, ¿qué hace una mujer a la que se le restringen las libertades más íntimas, empezando por las personales y conyugales?
Una mujer guerrillera, con sus hijos repartidos en varias partes del país, es un caso patético.
La situación de estas mujeres se asemeja a la de aquellos miembros de otras instituciones totalitarias como los monasterios, cuyos integrantes, después de veinticinco años de haber estado sujetos al cuidado diario de otros, ya no son capaces de tomar sus propias decisiones.