La contribución de los árabes al progreso de la Matemática fue notable no sólo por las traducciones y amplia divulgación de las obras de Euclides, de Menelao, de Apolunio y otros, sino también por las notables renovaciones metodológicas en el cálculo numérico (sistema indo—arábigo).
La invención del cero, por ejemplo, se atribuye a un árabe. Mohammed Ibn Ahmad (siglo X), que aconsejaba en su libro Llave de la Ciencia: “Siempre que no haya un número para representar las decenas, póngase un pequeño círculo para ocupar el lugar”.
Los árabes contribuyeron poderosamente al progreso de la Aritmética, del Álgebra, de la Astronomía, e inventaron la Trigonometría plana y la Trigonometría esférica.
Es difícil valorar adecuadamente lo que nuestra civilización debe a los árabes en los amplios dominios del progreso científico.
Y no puedo dejar de recordar aquí un notable pasaje del extraordinario libro “El hombre que Calculaba”, de Malba Tahan:
«E indicando una pequeña higuera que se alzaba a poca distancia, prosiguió:
—Aquel árbol, por ejemplo, tiene doscientos ochenta y ocho ramas. Sabiendo que cada rama tiene por término medio trescientas cuarenta y siete hojas, es fácil concluir que aquel árbol tiene un total de noventa y ocho mil quinientas cuarenta y ocho hojas. ¿Será cierto, amigo mío?».
El Calculador efectuó, en este caso mentalmente, el producto de 284 por 347. Esta operación, empero, se tendría por algo muy simple ante los cálculos prodigiosos que efectúan los calculadores famosos.
El americano Arthur Griffith, nacido en el Estado de Indiana, efectuaba mentalmente en veinte segundos, la multiplicación de dos números cualesquiera, de nueve cifras cada uno.
En este tipo de cálculo, hay que recordar a un alemán: Zacarías Dase, que inició a los quince años la brillante carrera de calculador. Dase superó los mayores prodigios operando con números astronómicos. Los calculadores más hábiles no multiplican en general factores que presenten más de treinta cifras, pero Dase rebasaba este número.
En el siglo XVII, el inglés Jadedish Buxton consiguió efectuar una multiplicación en la que figuraban 42 cifras en cada uno de los factores. Esta proeza era considerada insuperable. Dase, sin embargo, determinaba mentalmente el producto exacto de dos factores con 100 cifras cada uno.
Para la extracción de la raíz cuadrada de un número de 80 a 100 cifras, necesitaba solo 42 minutos; y esta complicada operación la efectuaba mentalmente del principio al fin. Dase aplicó su prodigiosa habilidad de calculador a la continuación de los trabajos sobre las tablas de números primos de Burckhard para los números comprendidos entre 7.000.000 y 10.000.000.
Es curioso constatar que los conocimientos de Dase se limitaban solamente a las reglas del cálculo. En lo demás, su ignorancia era lamentable. Y esta circunstancia se repite, por lo general, en muchos de los casos de calculadores prodigiosos que han existido.