sábado, 30 de julio de 2005
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Si observa una aspirina, seguramente reparará de inmediato en la ranura que cruza su superficie. Ese diseño beneficia a los que necesitan tomar la mitad del comprimido, pues lo parten por allí. Cada producto que vemos en nuestro alrededor, desde una simple aspirina hasta los automóviles que se usan para ir al trabajo o los controles remotos, poseen un diseño particular.

El diseño, en breve, significa la traza o delineación de un edificio, aparato, instrumento o figura, generalmente de modo armonioso, apuntando a un fin determinado. Según esta definición, no es difícil pensar que el automóvil tiene una delineación dirigida a un objetivo, es decir, el transporte de personas y cosas. Para cumplir esta finalidad, sus distintas partes, como el motor, los neumáticos y la carrocería, son proyectados y ensamblados en una fábrica.

¿Qué podemos decir de las criaturas vivientes? ¿Puede ser que un pájaro y el sistema que le permite volar también hayan sido “diseñados”?

Antes de dar una respuesta pensemos de nuevo en el ejemplo del automóvil y apliquemos ese razonamiento al pájaro, uno de cuyos objetivos es volar. A este propósito usa un sistema óseo ahuecado y ultraligero movido por fuertes músculos pectorales, así como plumas apropiadas que le posibilitan mantenerse suspendido en el aire. Las alas poseen una estructura aerodinámica y el metabolismo del animal se ajusta a su necesidad de un nivel de energía elevado. Es obvio que se trata de un diseño particular.

Si consideramos cualquier otra forma de vida, encontraremos la misma verdad. Cada criatura exhibe un planeamiento muy bien pensado, al punto que si seguimos investigando descubriremos que también nosotros somos parte de ese diseño. Nuestras manos son funcionales en un grado que ningún robot lograría. Nuestros ojos leen con una perfección y un enfoque que no consiguen las mejores cámaras fotográficas.

Así llegamos a una conclusión importante: todas las criaturas en la naturaleza, incluidas las humanas, son parte de un diseño. Esto exhibe a su vez la existencia de un Creador, Quien las diseña a voluntad, sustenta toda la creación y es poseedor del poder y sabiduría absolutos.

Sin embargo, esta verdad ha sido rechazada por la teoría de la evolución que se gesta a mediados del siglo XIX y fue propuesta por Charles Darwin en su libro El Origen de las Especies. Allí se sostiene que todas las criaturas evolucionaron una de otra gracias a una serie de coincidencias y transformaciones o mutaciones.

De acuerdo con la premisa fundamental de dicha teoría, todas las formas de vida pasan a través de minúsculos cambios fortuitos. Si con ello mejora alguna existencia, ésta aventajará a otras y transmitirá esa mejora a las generaciones siguientes.

La concepción mencionada ha sido considerada durante ciento cuarenta años como científica y convincente. Pero al escudriñarla a fondo y enfrentarla con los diseños de las distintas criaturas, se obtiene un cuadro muy distinto: se revela que el darwinismo y su explicación de lo viviente no resulta más que una argumentación amañada y contradictoria.

Concentrémonos en los cambios casuales. Darwin no pudo dar una definición exhaustiva de este concepto debido a la falta de conocimiento de la genética en su tiempo. Los evolucionistas que le siguieron sugirieron el concepto de “mutación”, es decir, desconexiones arbitrarias, dislocaciones o cambios en la estructura genética. Es significativo que nunca se haya comprobado que una mutación mejorase la información genética de alguna criatura. Los casos conocidos resultaron en daños, incapacidades o carencia de efectos. Por consiguiente, pensar que una criatura puede mejorar a través de las mutaciones, es lo mismo que balear a un grupo de personas con la esperanza de que los daños que se produzcan resulten en una mejora de la condición de salud de los afectados. Realmente es algo sin sentido.

Y aunque asumiésemos, contrariamente a toda la información científica existente, que una mutación puede mejorar la condición de una criatura, así y todo el darwinismo no puede evitar su colapso debido a lo que se denomina “complejidad irreductible”: implica que la mayoría de los sistemas y órganos de los seres vivos funcionan, necesariamente, como resultado del trabajo coordinado de partes distintas. Por consiguiente, el daño o eliminación de una de esas partes sería suficiente para dejar fuera de funcionamiento todas las demás.

Como sabemos, el oído percibe el sonido a través de un conjunto de pequeños órganos. Por ejemplo, si se extirpan o dañan los huesecillos del oído medio, no habrá audición. Para percibir los sonidos tienen que trabajar juntos, sin excepción, una variedad de componentes: el canal auditivo, el tímpano, la cadena de huesecillos (martillo, yunque, lenticular y estribo), la cóclea o caracol, los tres canales semicirculares, los pelitos (cilios) que ayudan a las células a sentir las vibraciones y la red nerviosa que se conecta al cerebro. Este sistema no pudo haberse desarrollado por partes porque no sería posible que unas trabajen sin las otras.

En consecuencia, el hecho de la “complejidad irreductible” demuele desde sus fundamentos la teoría de la evolución. Es curioso que el propio Darwin estuviese preocupado por esto:

Si se demostrase que un órgano complejo existe sin haber pasado por numerosas, sucesivas y ligeras modificaciones, la teoría de la Creación quedaría totalmente demolida.

El nivel primitivo de la ciencia del siglo XIX todavía permitía soñar con la posibilidad de hallar un órgano así. Pero Darwin no lo pudo encontrar, o posiblemente sabía que no lo encontraría.

La ciencia del siglo XX profundizó en el estudio de la naturaleza y demostró que la mayoría de las estructuras vivientes poseen la complejidad mencionada antes.

¿Evolución o creación?

Ustedes dicen.


Publicado por Nubeblanca77 @ 3:01
Comentarios (6)  | Enviar
Comentarios
Publicado por OswaldoLilly
sábado, 30 de julio de 2005 | 21:29
Sobre este tema te hallarás pronto en una encrucijada de banda ancha. Claro que lo mejor será dejarlo abierto, como debe ser, para que cada quien opine lo que quiera. De eso se trata.

Pero el problema fundamental, al final, es este: Al razonamiento evolutivo le faltan unas vértebras, la niña de los ojos y varias neuronas que aún deben estar mutando; y el dogma Creacional, por otra parte, sólo puede discernirse espiritualmente. Por lo demás, con las pocas bases razonablemente humanas con que se pudiera sostener un debate no sería suficiente.
Un abrazo, niña. Guiño
Publicado por Colombinah
miércoles, 10 de agosto de 2005 | 21:31
Este tema es quemante. Por ello cada persona debe buscar, analizar y finalmente creer lo que quiera según su propio juicio. Pero siempre es bueno exponer puntos de vista sin imponer, como aquí se ha hecho.
Publicado por jokimii
martes, 20 de septiembre de 2005 | 18:05
Muchos dicen: dogma, y en parte tienen razón. Pero axí como las cosas de la carne se dixciernen con la carne, axí las del espíritu se disciernen con el espíritu...y que kede klaro k no soy religiosa, pero es algo que yo he experimentado, es todo.:]
Publicado por Sayuuz
martes, 01 de noviembre de 2005 | 18:37
Es que en esto nunca habrá consenso. Mejor ni me meto jejeloco
Publicado por ORANTE
jueves, 12 de marzo de 2009 | 18:06
Fe, ciencia, y amor.Los pensadores quieren pruebas, y se hacen científicos. Los amorosos buscan conciliación. Los ferborosos buscan convencer. Yo soy integro y creo que el amor nos une. La evolución se da pero no como dicen. El nuevo campo de energía descubierto pone un telón de fondo a la evolución que antes no contemplaban los cientìficos. El campo de la energía de la consciencia. Pero igual. Loa hombres de fe deben admitir que incluso la fe evoluciona. Lo que me predicaban a mi, de niño, no es lo que ahora me predican. La fe cambia, las creencias cambian, los conocimientos cambian, las modas cambian, y detras de eso esta la consciencia humana, cambiando, creciendo. La vida es movimiento y no hay forma de que ésta no incluya cambio, transformación y evolución. Evolucionismo y creacionismo se juntan en el Big Bang. En la gran singularidad inicial. El momento de creación que los cosmologos ateos y escepticos detestan. Pero hay un hecho irrefutable que a todos nos ordena.E=MC2
Publicado por ORANTE
jueves, 12 de marzo de 2009 | 18:16
E=MC2.Si todo está hecho de energía, la energìa ha de ser inteligente.Inteligente y consciente. No hay forma que se pueda manifestar la consciencia y la inteligencia si esta no le es inherente a la energía. Si la energía es inteligente y consciente,¿Cómo la evolución no se va a dar? y ¿Cómo la creación no se va a dar? Ambas se dan mezclandose en infinidad de formas. Lo loco es pensar una evolución sin la inteligencia.Una evolución casuistica sin consciencia ni inteligencia.Los ateos reniegan de su inteligencia al afirmar una evolución sin consciencia, sin inteligencia. La vida, donde quiera que esta se manifieste da evidencia de consciencia, y de alguna inteligencia, implicada en el orden y el diseño alegados. Si el cosmos no incluyese al caos, toda renovación metabolismo,asimilación sería imposible. El caos de los alimentos en los intestinos está englobado por el cosmos metabolico que hace funcionar nuestro cuerpo. La vida incluye cosmos y caos.Pero el caos esta subordinado al cosmos.