lunes, 22 de agosto de 2005
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¿Un mundo o una vasta superconstrucción ha sobrevolado la India durante el verano de 1860? ¿Desde ninguna parte, algo cayó el 17 de julio de 1860 en Dhurmsalla?

Sea lo que sea lo que este «algo» haya podido ser realmente, ha sido designado a menudo bajo el nombre de «meteorito».

Pero Syed Abdoolah, profesor de indostaní en la Universidad de Londres, escribió en el London Times que las piedras caídas «eran de formas y tamaños muy diversos, y algunas se parecían mucho a balas de cañón ordinarias después de ser usadas». Se trataba, pues, de objetos esféricos de metal.

Y esa misma tarde, algo observó cuidadosamente Dhurmsalla y les describió, en medio de resplandores llameantes, como objetos recubertos de marcas indescifrables. ¿Seres y objetos que debieron resistir a su deseo de bajar, al igual que los aeronautas, a una cierta altitud, o a resistir al deseo de ascender más arrlba?

Algunos pueden, ciertamente, pensar mucho en este tema, pero ver prohibida toda exploración por las necesidades comerciales del horario.

Finalmente, puede haber pruebas de tentativas supercientíficas para investigar los fenómenos terrestres, tal vez organizadas por inteligencias tan lejanas que desconocen incluso si alguien tiene derechos legales sobre nuestro planeta.

Veamos:

En el Observatory se cita que, de acuerdo con un periódico, el 6 de marzo de 1912 los habitantes de Warmley, Inglaterra, se vieron grandemente sorprendidos por lo que creyeron era «un aeroplano espléndidamente iluminado sobrevolando la ciudad».

Avanzaba a toda velocidad en dirección de Bath a Gloucester. Se trataba, dijo el redactor, de una gran bola de fuego con tres cabezas. «Es preciso -dijo- estar preparado a todo en nuestros días...»

Un corresponsal de Nature en el condado de Wicklow, en Irlanda, vio, a las seis de la tarde, un objeto triangular atravesar el cielo. Era de color oro amarillento, se parecía a la Luna en su creciente de tres cuartos y, evolucionando lentamente, tardó cinco minutos en desaparecer tras una montaña. El redactor de la publicación estima que debía tratarse de un globo escapado.

En Nature, el meteorólogo F. F. Payne vio, en el Canadá, un gran objeto en forma de pera atravesar el cielo. Al principio lo tomó por un globo, ya que «su contorno estaba claramente definido; pero, no viendo canastilla, concluí que debía tratarse de una forma curiosa de nube». En seis minutos, el objeto se hizo más desvaído, sin duda por efectos de la distancia: «ya que la masa se hizo cada vez menos densa y después desapareció». No había ninguna formación ciclónica en los alrededores.

El 8 de julio de 1898, un corresponsal de la revista vio, en Kiel, un objeto celeste enrojecido por el sol, grande como un arco iris, a una altura de doce grados: «estuvo brillando durante cinco minutos, después se esfumó rápidamente, permaneció de nuevo casi estacionario y finalmente desapareció, todo en el término de ocho minutos».

He aquí tres casos de objetos celestes observados en un espacio de tres meses. Esta concordancia me parece notable. Y no sé por qué, de un modo instintivamente racional, se deduce que estas tres observaciones pueden referirse a un mismo objeto.

Los periódicos aeronáuticos, el London Times y el New York Times no mencionan ningún globo escapado durante el verano de 1898, ni en Inglaterra, ni en los Estados Unidos, ni en Canadá.

El 27 de agosto de 1885, a las ocho y media de la mañana, Adelina D. Basset observó en las Bermudas «un extraño objeto que procedía del sur en medio de las nubes». Llamó a su amiga, L. Lowell y ambas vieron, no sin alarma, el objeto de forma triangular, parecido a una vela de bote, y del que pendían cadenas, como con intenciones de aterrizar, para alejarse después por encima del mar y desaparecer finalmente muy alto entre las nubes.

Una potencia tal de ascensión parece excluir toda noción de un globo escapado parcialmente deshinchado.

El general Lefroy intenta dar una explicación terrestre a este fenómeno, suponiendo un globo escapado de Francia o de Inglaterra que hubiera sobrevolado el Atlántico, y atribuyendo a una deformación la silueta triangular del objeto: «Se trataba -dijo- de un saco informe, apenas capaz de volar».

Charles Harding, de la R.M.S., objeta en el Times que un globo procedente de Europa hubiera sido visto y señalado por numerosos buques, y atribuye el origen del supuesto globo a los EEUU. Si todo el mundo manifestara tanta perseverancia como el general Lefroy demostró, no tendríamos que evaluar perpetuamente fragmentos de datos; rogó a uno de sus amigos, W. H. Gosling, de las Bermudas, que interrogara a las dos testigos, Basset y Lowell: ellas le dieron una descripción distinta de los hilos suspendidos en el aire.

¿Se trataba de un globo deshinchado arrastrando su cordamen tras él, o de una superdraga que nos hace pensar irresistiblemente en los pájaros de Baton Rouge?

No, es demasiado absurdo pensar en todo eso.

Y sin embargo, los viejos libros dan cuenta de todo lo que escribo.
Publicado por OswaldoLilly @ 17:56
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Comentarios
Publicado por Colombinah
martes, 23 de agosto de 2005 | 1:22
Ainxxx...no se pq estas lecturas me dan vueltas en la cabeza, me recuelven los pensamientos y como q me reclaman a gritos q no todo lo q nos dicen es la realidad, jeje. Fumador
¿de casualidad tú no eres extraterrestre, Os? Helado Avergonzado
Publicado por Sayuuz
domingo, 06 de noviembre de 2005 | 19:16
Oraleee...esto es fantástico y fascinante OswaldoChica
Publicado por Visitante
lunes, 08 de junio de 2009 | 4:19
que caray, pues está muy dudoso de versas, este fort que siempre nos cala con la duda