martes, 23 de agosto de 2005
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La invasión árabe de Persia posterior a la Hégira trajo consigo en el terreno de las artes una fuerte influencia de los modelos arquitectónicos omeyas, que comenzaron a implantarse en el país desde los albores de su islamización.

El prototipo de mezquita era entonces la de patio rodeado de pórticos, como las de Damasco, Samarra, Kairuán o Córdoba.

Frente a la interpretación sunnita del Islam, y como consecuencia del creciente rechazo a los invasores por parte de los nativos del país -entre los que había ido arraigando la doctrina chiita, es decir, la profesada por la rama política de los seguidores de Ali (shi'at Ali o partido de Ali), yerno del profeta Mahoma y cuarto califa de los musulmanes-, empezó a producirse un renacer cultural entre la población indígena de la Persia ocupada, acompañado de un movimiento artístico a contracorriente que hundía sus raíces en el propio y rico pasado iraní.

Los iranios conservaron su idioma persa (o farsi), del tronco indoeuropeo, aunque adoptaron el alfabeto árabe (con algunas letras añadidas) para su transcripción.

Aparece entonces en la arquitectura de Irán una planta nueva, basada en dos elementos autóctonos: el quiosco, que provenía de los altares de fuego mazdeistas (las ruinas de uno de ellos pueden verse en las afueras de Isfahan, en Ateshgah, construido en adobe en tiempos de los sasánidas), y el iwan, gran portal abovedado que sobrepasa la línea de fachada, y cuyo antecedente más señero puede encontrarse en las ruinas del palacio del rey sasánida Shapur I en Ctesifonte (actual Iraq, probablemente del siglo IV d C), consistente en una inmensa bóveda de ladrillo cocido, de 37 m de alto y 25 m de ancho, que servía de sala de audiencias.

Los iranios retoman de los palacios sasánidas la fórmula del iwan, y la adaptan a los preceptos musulmanes. Al fondo del iwan principal se emplaza la sala de oración, orientada hacia la alquibla, en donde se abre un nicho ciego, que es el mihrab o sancta-sanctorum, de arco apuntado y planta semicircular o semipoligonal, hacia el cual se encaran los fieles a la hora de rezar.

Con la incorporación del iwan, la mezquita gana en verticalidad y esbeltez, por contraste con los santuarios omeyas, con sus salas hipóstilas de techo bajo y aspecto horizontal de conjunto.

Rasgo inconfundible de la arquitectura religiosa iraní es desde entonces el gran patio central rodeado de cuatro iwanes enfrentados dos a dos, que forman una planta en cruz, a la que se añaden salas hipóstilas y medersas adyacentes, entre otras dependencias.

Con el paso del tiempo y de las dinastías, el iwan alcanza proporciones cada vez mayores y un desarrollo inusitado en su decoración, que se hace gradualmente más y más suntuosa y compleja.

El iwan está siempre encuadrado dentro de un marco plano vertical de mayor altura que el resto de paramentos, a la manera de un gran arco triunfal. Es en la bóveda del iwan donde se despliega todo el genio arquitectónico de los iranios, al igual que en las cúpulas que cubren la sala del mihrab.

Los tipos de abovedamientos se multiplican en una verdadera orgía de formas, con soluciones ingeniosas y originales, distintas a las de las arquitecturas árabes y distintas entre sí, que experimentan un continuo perfeccionamiento con el correr de los siglos.

Esta eclosión formal tiene su correlato en la cerámica, las alfombras, los objetos de cobre pintado y en el arte de la miniatura y la caligrafía, tanto en la transcripción de textos coránicos como profanos, que hacen uso de los mismos parámetros en la aplicación de intrincadas composiciones a base de motivos florales, geométricos y tipográficos, sabiamente conjugados.
Publicado por CarmenVives_24 @ 16:41
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Comentarios
Publicado por Nubeblanca77
miércoles, 24 de agosto de 2005 | 20:05
Jump...qué foto ¿puedes decirme el sitio web?
Publicado por Sayuuz
domingo, 06 de noviembre de 2005 | 22:30
Vale, Carmen, que te anotaste un diez!Guiño