En su investigación “Los secuestradores de alma: las técnicas de las sectas”, (Editorial Océano, 2005), el psiquiatra y criminólogo francés Jean-Marie Abgrall remite a casos de sectas involucradas en política.
Por ejemplo: la Nueva Acrópolis (“que aboga por la anulación de la personalidad del adepto”), o la Iglesia de la Unificación del Cristianismo Mundial (“secta Moon”, poseedora del tercer banco más importante de Uruguay y en cuyas ceremonias se canta “palmeando con las manos”; su jefe Sun Myung Mun fue condenado en varias ocasiones por perversiones sexuales), ambas antimarxistas y favorecidas por la CIA.
Para 1993, la Meditación Trascendental (que en 1969 con el Maharishi había iniciado ni más ni menos que a Los Beatles) y su dirigente francés Benoit Frappé se postularon a las votaciones legislativas en Europa: ganaron más de 30 mil electores, por lo que durante cinco años obtuvieron buena fuente de ingresos, vía la ley gala de financiamientos a partidos políticos. Escribe Abgrall:
“Varios años antes, Frappé le había propuesto al presidente estadunidense George Bush un plan de meditación trascendental destinado a rescatar a los rehenes de Líbano. En 1981, la secta no había dudado en coquetear con el dictador filipino Marcos y su esposa Imelda, en los cuales Maharishi veía al padre y la madre fundadores de la ‘Era de la Iluminación’.”
De las recientes, sobresalen por su complejidad organizativa la Orden del Templo Solar (la OTS, de Joe di Mambro, “amante de doctrinas esotéricas y negocios sucios”, con el “más intelectual” Luc Jouret) y, para no ir más lejos, la conocida escuela dianética o cienciología que arrancara Ron Hubbard (a mediados de los 70 se introdujo en México; muchos rocanroleros, como el bajista de John McLaughlin Mahavishnu Orchestra superaron su drogradicción y elogiaron estas “terapias” que han sido desacreditadas profesionalmente). Leamos:
“Una parte importante de las creencias de la OTS se difundió en cursos escritos titulados Archée que se presentaron como enseñanzas de los maestros secretos de Sirio, estrella sobre la cual habría de efectuarse el tránsito de los adeptos… En la palabra archée (sin traducción al español) encontramos las letras ARCH (Alianza Rosa + Cruz Hermética), cuya pronunciación es cercana al ‘arco’, el instrumento que rasga el violín y mismo que, en la escala del cosmos, rasga las ‘cuerdas cósmicas’…
“Después del Big Bang, el Universo se ha ido enfriando y está dividido en ‘zonas que no encajan’, y dejan subsistir fronteras en las que permanecen atrapadas grandes cantidades de energía; dichos defectos pueden formar líneas en la forma de cuerdas cósmicas y, según los miembros de la OTS, el tránsito a Sirio requeriría de una de estas fronteras de alta densidad energética.”
Así, las enseñanzas iniciáticas permitirían a la “Archée” reunirse con el fuego primordial y, al mismo tiempo, ser la reveladora de la “Cuerda Cósmica” (como el arco en la cuerda del violín, dijimos). Se da una “transición” o analogía musical que, en el terreno ocultista, evoca “la música de las esferas”: se trata de sonidos testigos de la armonía general y de un cosmos organizado, los cuales, supuestamente, están girando en el cielo al tiempo que producen una música melodiosa.
“La transición (muerte), que va acompañada de un tránsito hacia una estrella fija (Sirio), actúa sobre el orden planetario y cósmico, y la transición (música) reestablece la armonía principal de las esferas y el principio creador del universo (verbo)”, agrega.
Sorprendente, ¿verdad? Como medio para acceder al “conocimiento supremo”, miembros de la OTS se prendieron fuego en 1994…
Una década atrás, el movimiento new age fomentó las expresiones del tankingo flotario efectuadas por sectas con relativo éxito y consistentes en aislar sensorialmente al individuo. Los investigadores alemanes refinaron el procedimiento en Eppenford, centro donde se inventó el famoso “sonido blanco”, un sistema sonoro atonal que ahoga los sonidos exteriores pero también, los producidos por el mismo individuo. La técnica de estas “celdas calafateadas” que reducen los sonidos (o, a la inversa, difuminan “mantras”, cantos y rezos) facilitan el proceso hipnótico. Se citan los estudios realizados por J. Porta, que han demostrado que el 25% de los sometidos a una privación sensorial presentaron trastornos psiquiátricos y el 14% de los individuos experimentaron delirio y alucinaciones severas.
En el apartado “El sonido, la música”, del capítulo Las técnicas físicas del condicionamiento, Abgrall señala que la utilización de la palabra en forma de “mantras” (como el sagrado om), cantos y de glosolalias constituye un modo de condicionamiento muy socorrido por grupos místicos y religiosos.
“La música rítmica posee esta función de modificador de conciencia que precede al trance. Los etnólogos han estudiado el fenómeno en los grupos de trance, ya sea que se trate de grupos vudús o de chamanismo. La caída del comunismo provocó el resurgimiento del chamanismo en Liberia, Yakutia y Mongolia, creando allí un nuevo campo de estudio…
“Más caricaturesca, pero probablemente más desestabilizadora que la música rítmica, es la agresión sonora que conoció su momento de gloria en el Mandarom, en tiempos de Gilbert Bourdin. Encerrados en un templo, los adeptos provistos de aparatos sonoros del tipo de las sirenas de alarma, se entregaban a feroces batallas contra las fuerzas maléficas o extraterrestres, provocando un estado de embrutecimiento propicio para el adoctrinamiento y la sumisión.”
El también autor de Los charlatanes de la salud (Océano) concluye que el objetivo de las sectas es alejar al adepto de la realidad e instalarlo en una ilusión permanente, constituyendo una verdadera amenaza para la salud mental por impulsar ideologías totalitarias, por lo cual “se deben combatir como algo contrario a la dignidad humana.”
Los secuestradores de almas (traducción de Patricia Straulino), apareció en su primera edición francesa en 1996, debido a “una necesidad expresada por maestros, médicos, psiquiatras y psicólogos, trabajadores sociales, policías, etcétera” que se topaban con la problemática de las sectas y que “exigían un manual”.
A decir de Abgrall, en ese entonces la petición era menos insistente por parte de las familias de las víctimas. Así, realizó nuevas investigaciones que agrega en esta nueva edición al castellano.
“Lo que está en juego no es una mera cuestión de forma, porque más allá del individuo, a veces es la estructura social la que se ve amenazada para provecho de ciertos intereses… Como lo demuestra la reacción del Departamento de Estado Norteamericano al condenar a Francia con respecto a la lucha antisectaria y, en especial, la que se lleva a cabo contra la cienciología (dianética)”, indica.
Por cierto, su estudio incluye otros casos mundiales, pues “América del Sur parece ser hoy en día tierra fértil para el desarrollo de las sectas”.