En una frívola Sally Bowles debe convertirse la actriz y cantante para emparentarse con el personaje del musical, pero lo que sí comparte con ella es su pasión por el escenario.
A partir del secreto de sus nombres, se sumerge en la infancia para rastrear su vocación, y enfrentada al rol de estrella que le exige el mundo del espectáculo, repasa con Proceso su actuación en el Teatro de los Insurgentes.
Las dos palabras “son reales, son mías y son nombres”. Lo dice Tiaré Scanda. Y es que sus apellidos le parecen bastante comunes: Flores Coto.
Tiaré tiene una procedencia tahitiana, es una flor blanca y perfumada —así me lo decía mi mamá—, y todo aquel que aspira su perfume no la olvida nunca.”
La actriz y cantante se entristece con el recuerdo de su madre, con quien se crió como hija única; la adoró. Y con la nostalgia de un padre.
—Blanca y perfumada... ¿Así es usted?
—Sí. Aunque de niña ese nombre me avergonzaba.
—¿Difícil de olvidar?
—Sí. Creo que dejo huella por el paso de la gente. No porque me crea mucho sino porque soy un buen ser humano y a mí me pasa igual con otros seres humanos así.
Tal vez Tiaré es una gardenia, dice, y cuando sus amigos viajan le traen flores y aceites de Tiaré.
Scanda significa sueño en zapoteco.
“Me lo puso mi madre, que era una oaxaqueña de corazón. Creo que por alguna novela que leyó, no sé cuál.
—¿Por qué era oaxaqueña de corazón?
—O mejor, ¿quién no? Oaxaca tiene todo, paisajes, música, lenguas, monumentos históricos. Vi la Guelaguetza de niña, y cuando mi niña crezca un poco más la voy a llevar. Tiene dos años y medio.
—¿Le gusta Tiaré Scanda?
—Me encanta. Combinan. Me gusta que sea un nombre especial.
Sus padres eran abogados. A la singularidad de sus nombres se alía una intuición secreta que, desde niña, siente en cuanto a que algo esperan de ella sus padres.
“De niña y adolescente fui perfeccionista. Había una demanda de hacer bien las cosas. Yo creo que porque eran abogados. Pero sobre todo por el lado de mi mamá había más determinación, porque crecí sola con ella. Era una abogada muy recta, y ese ejemplo como que es muy fuerte. No hizo fortuna porque anteponía sus principios a aceptar defender a cualquiera. Y no hagas recordármela más porque me voy a poner a chillar. Murió hace un año. Tenía 67 años. Se llamaba Oralia, que es un nombre que no me gusta. Y volviendo a los nombres, qué extraño, pero yo a mi hija le puse Oriana.
—¿Había entonces una predeterminación en su infancia?
Cuenta una anécdota:
“Estando en un internado de monjas —sólo tres meses, gracias a Dios—, en el acto de fin de cursos, la directora empezó a elogiar a una niña del primero de primaria por tener puros dieces y las demás, mayores, no. Cuando reveló el nombre, sentí terror, era yo. Es una sensación de responsabilidad espantosa el que esperen todo de ti.
“Pero hoy te digo con mucho gusto que me doy el lujo de no hacer las cosas tan bien.”
—Cuando se le ve en el escenario, da la impresión contraria. ¿No teme el reto?
—Fíjate que a mí mi hija me frena. Es muy abusada y yo me descubro amorosamente exigente con ella, pero creo que debo relajarme y aceptar ser capaz de errar.
—¿Cuándo siente que como artista consigue llegar al momento en que está haciendo su trabajo completamente bien?
—Por el talento. Esa es la diferencia. Yo soy de las personas crueles que creen que el talento no se puede aprender. Claro, a partir del talento puedes trabajar mucho tu habilidad de hacer tu arte y conseguir un crecimiento ilimitado.
—Pero tener una voz extraordinaria, ¿es talento?
—Te lo dio la naturaleza. Tengo varios amigos músicos y veo ambos casos: los que son grandes de por sí (aunque sean más indisciplinados) y triunfan. Y los tesoneros, pero no serán grandes. Un talento de Dios, natural a tu cuerpo, no una habilidad que se adquiere.
—¿No tiene que ver el talento más con la inteligencia?
—Para actuar necesitas ser una persona inteligente y contar con capacidad analítica suficiente.
—¿Lo tendría Marylin Monroe?
—Sí, era malona. A lo mejor el talento se puede adquirir... A lo mejor Marylin es la excepción a la regla.
—¿Cuándo se define su vocación por el arte?
—A los siete años. A esa edad compuse la primera canción. Se llamaba La campesina. Mi madre y mi abuela adoraban la naturaleza. Y con la rectitud de mi madre, fueron sus dos grandes legados. En fin, no toqué instrumentos pero salían melodías.
—¿Infancia feliz? Hay quienes así lo dicen.
—Feliz, pero melancólica. Por mi padre.
—Estaba lejos.
—Pero sobre todo emocionalmente.
—¿Eso tiene que ver con su arte?
—Totalmente. Creo que tu dolor puede ser una fuente creativa inagotable. Te produce una necesidad de decir.
—Eso, ¿lo elabora ahora o lo sentía entonces?
—Las dos cosas. Y con la terapia, ya de adulta. Hago psicoterapia. Si encuentras al piscoterapista adecuado, es un regalito de Dios. Si no, estás frito.
—¿Y la amistad?
—Tengo muchísimos amigos. Pero la terapia es responsabilizarte de tu lado oscuro. Los amigos, que te apapachen, pero siempre que puedas amarrar tus demonios, no echárselos, y menos si eres artista.
—¿Cuándo decide ser actriz?
A los 11 años le dije a mi mamá que quería ser actriz. Me dijo: “Bueno, pero sé la mejor, y eso se estudia.” Me fascinó su respuesta porque la viví como si se hubiera respetado mi decisión. Yo entonces veía con mi mamá una telenovela de Ofelia Medina, Rina.
“De los 11 a los 16 años estuve en el Centro de Educación Artística de Televisa. Y reconozco, a pesar de que para otros esté desprestigiada, que la escuela era muy buena. Yo la aproveché, con otros muchos. Fui alumna, entre otros, de Torre Laphan, de Hugo Argüelles, de Benjamín Cann, que es mi gurú de toda la vida.
“Antes, a los 14, tenía la línea de ser cantante de rock, con mi grupo Colores Prohibidos. Luego me di de topes con varios grupos. Entonces ya quise ser como Ofelia Medina, una actriz con proyectos difíciles de actuar y con respeto del gremio. Y creo que estoy en ese camino, que se me considera una buena actriz. Y ahí te va la parte un poco difícil de este proyecto artístico de mí misma, y es que ser estrella es otra cosa. Porque para ser estrella hay que vivir de otra manera. Había entrado a la escuela de actores de Televisa, y aunque era buena escuela de baile, canto, etc., te estaban preparando para estrella de televisión. Y aunque he hecho mucha televisión y he tenido buenas oportunidades —de personalidades, de personajes—, descuidé la parte frívola de una carrera exitosa de una actriz.”
—O sea que ha habido una maduración.
—Ha pasado mucho tiempo para que gente como Tina Galindo pensara en mí como estrella del espectáculo. Aquí he tenido que aceptar un trabajo del rol completo. No sólo ser Sally Bowles, sino la estrella ante la prensa de espectáculos.
—¿No hay algo de protagonismo en ello?
—Estoy muy apasionada y me ha caído como bendición del cielo. Es un reto personal y profesional, una oportunidad de crecimiento muy grande. ¿Por qué hablé de estrellas? Me ha tocado toparme con actrices a las que respeto, tienen 60 años y ni un quinto, y yo no quiero eso. Tal vez sí hay un afán protagónico en aceptar este reto.
—¿Haría cualquier papel?
—Tengo ante todo mucho respeto a mi oficio. Y no lamento el caminito que he seguido. Cómo lamentar haber trabajado con Jorge Fons o María Novaro. Pero sí estoy consciente de que tengo que aprender a jugar el rol de estrella. Porque me conviene. Para que en 20 años tenga yo un estatus y una remuneración atractiva.
—¿Ha pensado si le gustaría trabajar en Hollywood?
—Sí, por qué no. Pero de vez en cuando, vivir ahí, nunca. Vivir para ese proyecto me parecería tristísimo, desolador. Me gustaría trabajar en el cine independiente.
—¿La han llamado?
—No, he hecho castings. Pero al fin se lo dieron a Penélope Cruz. No estoy dando los pasos para estar allá.
“Adiós Berlín”
El musical de Cabaret (1972) en cine donde Liza Minelli interpretó a Sally Bowles, se llamó en México Adiós Berlín. Luego la obra ha llenado los grandes teatros de Londres, Broadway y ahora México, en el Teatro de los Insurgentes, con el actor Luis Roberto Guzmán, la producción de Tina Galindo, Claudio Carrera y Daniela Romo, la dirección de Felipe Fernández del Paso, y la coreografía de Alejandra González Anaya. Se dice que Alejandra Guzmán iba a representar el papel de Sally, pero se lo impidieron compromisos. El caso es que lo hizo Itatí Cantoral hasta hace un mes, en que se le entregó a Tiaré Scanda, quien noche a noche encandila al público con su voz y llena de encanto el escenario. Cuenta su experiencia.
—¿Cómo se dio la relación para hacer Cabaret?
—Hice audición al principio, antes que se estrenara la obra, en una convocatoria a la que acudieron muchísimas actrices. Me llamó directamente Manuel Teit, que estaban haciendo un casting importante. Desde aquel entonces me dijeron que les había gustado muchísimo mi audición y hasta pensé que desde ese momento podía yo quedarme con el papel, pero finalmente optaron por otra actriz y hasta ahora que ella se fue me tocó entrar.
—¿Por qué aceptó?
—Porque Sally Bowles es uno de los personajes más lindos que hay en los musicales. Y cualquier actriz que tenga la oportunidad de hacerlo, lo quiere hacer.
—¿Conocía la obra, la había visto?
—He visto muchos musicales en el extranjero, pero Cabaret no. Sólo conocía la película.
—¿Qué le parece la obra en tanto obra?
—Me parece un gran acierto que se pueda hablar del horror, de la intolerancia y de la indiferencia con una comedia musical.
—¿Y la puesta de aquí?
—Creo que se ha concretado muchísimo talento. Creo que es un musical a la altura de cualquier puesta en cualquier otro país. Creo que el espectador obtiene aquello por lo que pagó, que realmente los espectadores salen muy contentos y muy satisfechos del trabajo que se les presenta.
—¿Cambia mucho a la obra original, hay algún elemento nuevo que haya metido el director?
—Sí, hay algunas cuestiones de adaptación, pero nada muy importante, en realidad en la traducción tuvo que haber ciertos grados de adaptación para que fuera más comprensible para el espectador mexicano, pero nada que altere la estructura esencial de la obra.
—¿Cómo describe a su personaje?
—Siento que es una artista del cabaret, una apasionada del cabaret, una mujer en un contexto decadente, que ella misma está en decadencia, que boicotea la posibilidad del amor, que es una mujer profundamente inconsciente, que está en un contexto de violencia, de intolerancia y que ella no se da cuenta de nada. Ella es como una encarnación de la inconsciencia.
—¿Es difícil el personaje?
—Pues sí, tiene lo suyo, porque dentro de eso, además tiene que ser muy encantadora y adorable.
—¿Cómo fue su preparación para interpretarlo?
—Como era sólo un mes y debía cuidar muchas cosas, tenía que aprender coreografías, ensayar canciones, prepararme vocalmente para interpretar bien las canciones, aprenderme el texto y demás. Creo que la preparación así, más la psicología del personaje y demás, trabajé el mes con el director, con Felipe... y luego ya en la interacción con los demás personajes fui descubriendo y sigo descubriendo tal cosa. Y un poco estudiar el contexto, ¿no? Si antes del personaje no se había contado nada, yo sí tengo que saber donde está parado.
—¿Se ciñó a una interpretación objetiva o le pone un acento personal?
—Creo que es casi imposible no ponerle un acento personal a cada personaje que uno hace. Y bueno, lo que sí queda claro es que aunque estuviera casi entrando a sustituir a otra actriz, querría hacer mi propio personaje porque no me hubiera gustado utilizar a otra actriz. No.
—¿En qué se relaciona con usted el personaje y en qué no?
—Se relaciona conmigo en la pasión por el escenario, creo que ese es el único punto en común. Por lo demás, es una mujer medio alcohólica, no me identifico con eso. No me identifico tampoco con el hecho de que sea tan frívola y tan inconsciente. Yo soy bastante más moralista que Sally Bowles, ella es mucho más relajada en cuanto a moral se refiere; entonces, no hay muchos puntos de coincidencia.
—¿Por qué cree que hay esa inconsciencia, esa frivolidad en ella?
—Como Sally finalmente es una mujer muy sensible, probablemente es una defensa ante el dolor que provoca ver a una sociedad en decadencia y a un pueblo amenazado en ese momento por los que están apunto de subir al poder y que no pueda hacer nada. Entonces —porque no es tan sencillo—, mejor hace como que no lo ve, porque no puede con él...
—¿Está ya a 100% en la obra?
—Yo creo que 100% lo di desde el principio, y ahora estoy en busca de 300%.
—¿Le ha costado trabajo adaptarse?
—No me ha tocado tanto trabajo porque el equipo, toda la compañía, todos mis compañeros en el escenario me han dado mucha ayuda, me han dado mucho amor, mucho apoyo y me han facilitado mucho el trabajo.
—¿Le gusta la obra?
—Me encanta, disfruto mucho lo que estoy haciendo y tengo el anhelo de que siga viniendo muchísimo público durante mucho tiempo, para que la temporada continúe como ha ido hasta ahora.
—¿Le gustaría hacer otro musical?
—Sí, cómo no, pues si se da, adelante, me gustaría.
—¿Qué planes tiene para el futuro como actriz?
—Espero hacer cine europeo, me encantaría hacer algo de cine francés, cine español.
—De su ser como ciudadana, de su visión del país. ¿Cuál es su postura política?
—Sí me duele el mundo, sí me duele mi país y me duelen mis paisanos, me duelo yo misma porque no me gusta la manera en que tendemos a vivir en esta ciudad en particular, y en otros estados de la República. He tratado de ser más participativa políticamente, nunca he sido muy participativa, pero ahora que soy madre creo que es un deber mío, por mi bien y por el de mi hija y de mis futuros hijos, de ocuparme en la mayoría de mis posibilidades de que este país camine mejor para que nos recuperemos. Entonces no te puedo decir cuál es mi postura, porque no sé si tenga una, pero estoy saliendo a aprender y estoy saliendo a acercarme a la gente que me parece más valiosa. Y entre los políticos, la verdad hay muy poca.
—¿Qué opina del desempeño de Fox como presidente?
—Creo yo si fui de las personas que al principio creí que un hombre bien intencionado era más que suficiente para gobernar un país. Ahora creo que no, sigo pensando que ha sido bien intencionado en muchas cosas, tiene una mirada de que es un buen hombre, pero a veces hace cosas que parecen que no lo es. Creo que se ha rodeado de gente muy incompetente y muy mala, entonces no estoy muy satisfecha con el desempeño de Fox en general. Aunque también creo que no hay que satanizarlo, que ha hecho algunas cosas bien y que no queremos que los políticos se metan como antes. Que sean seres humanos que aceptan una responsabilidad sobrehumana.
—¿Qué significa ser una artista de su tipo en este país?
—En general significa ganar menos dinero y ser más feliz.
—¿Cuál es su papel en esta sociedad como actriz?
—Esa es otra cosa que tengo bastante clara. Cuando eres actor y hay un grupo de gente que se identifica contigo, tienes una responsabilidad grande con lo que dices, por eso hay que tener cuidado hasta con lo que diga sobre mi postura política. Creo que doy un ejemplo a la gente que se identifica conmigo como actriz o con los personajes que hago. Si doy un ejemplo de respeto por mi trabajo, de respeto por mi país y de dignidad, entonces creo que en ese sentido cumplo mi misión.
—Hábleme de su sueño de hoy y en qué medida se está haciendo realidad.
—Cabaret implica concretar muchos de los aspectos de mi sueño profesional, estoy haciendo un musical importante en un teatro con mucha tradición como es el Teatro de los Insurgentes. Estoy trabajando con actores que respeto mucho. Estoy divirtiéndome mucho en el escenario, cantando canciones bellísimas, bailando y disfrutando. Entonces realmente lo que veo en el futuro es que ojalá las cosas sigan así de bien y mejor y mejor.