miércoles, 24 de agosto de 2005
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El cómo contar una historia es de las preocupaciones principales que contiene la propuesta escénica que se está presentando en La Gruta del Helénico, después de haber dado un recorrido por el Teatro la Capilla y el Sor Juana de la UNAM. Es un texto narrativo —mas no literario— que cuenta, de una forma decodificada, el hecho dramático de una mujer que vive las consecuencias de viajar en microbús y padecer su fealdad.

El cielo en la piel no está conformada por diálogos, sino que es un largo monólogo que se desdobla en las diversas voces que intervienen en la historia. En realidad no existen personajes, pues el punto de vista es el de la protagonista, y las voces son de ella, quien a veces se habla a sí misma, en otras se nombra en tercera persona y en unas más, la misma directora, Mahalat Sánchez, introduce a diversos actores para contar algún suceso real o del libro que ella está leyendo. Alejandro Morales e Iván Cortés alternan papeles indistintamente al igual que las buenas interpretaciones de Georgina Ságar y Claudia Trejo, las cuales, al arbitrio de la directora, personifican el texto.

El cielo en la piel, del joven dramaturgo Edgar Chías, tiene grandes aciertos en su estructura y en el lenguaje. Fragmenta el discurso haciendo un texto libre, no lineal, que como un caleidoscopio, mezcla sus piezas en cada giro para mostrarnos ese resquicio de realidad. Las escenas son estados de ánimo, momentos álgidos en la experiencia de esta mujer, historias dentro de la historia. Si bien en un principio parece incomprensible qué sucede, poco a poco se van uniendo partes para armar la pieza. Esta interesante propuesta confluye con la de otros jóvenes dramaturgos que retoman, como señala Fernando de Ita, el teatro europeo de los ochenta, encabezado por el alemán Heiner Müller, que poco se ha visto en nuestros escenarios.

Aunque El cielo en la piel tiene esta buena influencia, todavía le falta consolidar su técnica dramatúrgica y apretar unas cuantas tuercas. El impulso de la obra se frena por el desequilibro de las escenas. Escenas con profundidad que se entrelazan desajustadamente con escenas ilustrativas del dichoso libro que la mujer lee diariamente mientras va en el apretado camión. Justo cuando todo va cayendo y estrujándonos la piel, una escena o una historia, se prolonga y se prolonga y ya a nadie le interesa ese hombre encorvado y de larga barba, que malinterpreta una mujer.

El lenguaje de la obra es realista con sus tintes de poesía. Suena armónico, incitador, fuerte o suave según sea el caso. La sensibilidad femenina es captada por este autor y queda bien expresada en la protagonista. No sucede así con los personajes que la acompañan, los cuales son planos e insulsos. Al no preocuparse por la construcción de los personajes y plantear un texto libre donde las palabras pueden decirse indistintamente por una u otra persona, hace personajes sin matices. La falta de solidez en el diálogo y los personajes no empareja con la complejidad en la construcción dramática que el autor propone en su discurso, y el espectador se queda sin disfrutar esa multiplicidad de personalidades que el teatro posibilita.

La joven directora asume el reto de este texto narrativo y lo disecciona acertadamente para crear atmósferas, juegos escénicos, diálogos en espejo, reiteraciones, pesadillas. Da voz a distintos personajes, que son ella o que provienen de su imaginación, pero falla en la premisa principal que lanza la obra, que es el contar la historia de una mujer que sufre la fealdad. A diferencia de lo que sugiere el texto, aquí nadie es feo, ni provoca repulsión, por lo que debilita el drama y hace inverosímil algunas escenas. Oír que se es feo es muy diferente a presenciarlo y provocar en el espectador un choque.

Ayudada por la atinada escenografía de Auda Caraza y Atenea Chávez, se propone un espacio neutro y en perspectiva, ideal para la obra (a pesar de que se nota la precariedad de recursos y lo impráctico de las lámparas laterales que funcionan para la escenografía, mas no para la iluminación).

El conjunto creativo que conforma El cielo en la piel logra una interesante obra para un público que gusta por lo no obvio y por propuestas complejas que lo invitan a desentrañar la historia, en este caso la de una mujer con la ciudad en la piel.
Publicado por CarmenVives_24 @ 18:59
Comentarios (7)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Nubeblanca77
miércoles, 24 de agosto de 2005 | 20:13
Pues bueeeno, hay q ser tolerantes con las obras que todas tienen lados fuertes y lados débiles... :] Lo importante es el mensaje que nos pueda ofrecer. Saludos car...
Publicado por Colombinah
jueves, 25 de agosto de 2005 | 20:08
Posss eso loco el cielo en la piel jijiji
Publicado por Sayuuz
domingo, 06 de noviembre de 2005 | 22:54
A mi me parece bueno el esfuerzo. Saluditos.Guiño
Publicado por Visitante
domingo, 10 de diciembre de 2006 | 20:16
A mi parecer, aunque la obra pudo haber sido quiza menos explicita para permitir a uno imaginar pensar en el "como" al final de la experiencia, fue bastante buena debido a la manera en que se iba uniendo cada fragmento de la historia hasta llegar al momento en el que se inicio y hacerla no solo comprensible, sino increiblememte grata. Sonrisa
Publicado por OswaldoLilly
lunes, 11 de diciembre de 2006 | 18:46
Muy bien. Gracias por comentar.
Publicado por ssds
viernes, 24 de octubre de 2008 | 21:11
l,k,Rebotado
Publicado por Visitante
viernes, 24 de octubre de 2008 | 23:35
si si si AngelitoAngelitoAngelitoAngelito