Muestran en la ciudad andaluza de Ronda una colectiva de obras del pintor, en la que destaca la llamada "Suite Toros", una serie completa de once litografías que Picasso elaboró entre 1945 y 1946
La exposición
Picasso Taurino, inaugurada en la ciudad andaluza de Ronda en la provincia de Málaga, repasa la estrecha vinculación de Pablo Ruiz Picasso con el mundo taurino a través de una colección de piezas del pintor español y fotografías sobre el artista.
En total, se exhiben 48 piezas entre fotografías, litografías, cerámicas y libros con el toro como protagonista.
La totalidad de las obras pertenecen a los fondos de la Fundación Picasso y entre ellas destacan la llamada "Suite Toros", una serie completa de once litografías que el artista elaboró entre 1945 y 1946 en las que experimenta con la figura del toro variando volúmenes, masa y color.
Para la directora de la Fundación Picasso Museo Casa Natal y comisaria de la exposición, María Luz Reguero, esta colección de litografías del toro es "única en el mundo" y refleja la afición del pintor y la significación que adquiere este animal para la ciudad de Ronda.
Reguero destacó la rareza de las fotografías que se exhiben, en las que aparece Picasso en diferentes festejos taurinos retratado por fotógrafos como Roberto Otero, Juan Gyenes y David Douglas Duncan.
También pueden contemplarse cuatro cerámicas, dos facsímiles y una muestra audiovisual con el título "Retratos" sobre la vida y obra del artista malagueño, bajo el guión del español Antonio Soler.
"Picasso Taurino" es la segunda exposición de este pintor que visita Ronda tras la muestra "Picasso y las mujeres", celebrada recientemente en el Museo Joaquín Peinado, quien fue pintor, amigo y discípulo del artista.
La muestra estará abierta al público hasta el próximo 12 de septiembre, coincidiendo con las fiestas que Ronda dedica al inventor del toreo a pie, Pedro Romero.
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Reseña
En 1957, Picasso completó en unas pocas horas la preparación de las veintiséis planchas para el manual clásico de Pepe Hillo sobre el arte de la lidia.
El intenso espectáculo de aquella tarde, virtuoso en el más amplio sentido de la palabra, fue el culmen de un proyecto que había comenzado más de treinta años antes, cuando Picasso fue invitado a ilustrar la Tauromaquia por el culto editor Gustavo Gil Roig, hermano de uno de sus amigos de la infancia.
Aunque entre 1927 y 1929 Picasso esbozó seis planchas y se completó un texto de Henri de Montherlant, el artista no puso nuevamente manos a la obra hasta que en 1956 el hijo del editor, Gustavo Gil, entró nuevamente en contacto con él.
Picasso tuvo algunas dudas, hasta que, en un día, emocionado por una extraordinaria corrida a la que había asistido en Arles, completó las veintiséis planchas de cobre.
Picasso reflejó las tres fases clásicas de la corrida para el manual de Pepe Hillo con una celeridad que asombró a sus familiares y a su editor de Barcelona. Se considera que las veintiséis planchas fueron el inspirado desafío de un invencible «viejo picador», tal y como llamaba el escritor Camilo José Cela afectuosamente a Picasso.
En efecto, estos aguafuertes son el resultado objetivo de una preparación que duró toda una vida. En ellos se refleja una de las mejores cualidades de Picasso: su capacidad para respetar y dar una nueva forma a la tradición y su valor al enfrentarse al pasado.