martes, 30 de agosto de 2005
El emporio del duelo
Por mucho que salgan libros donde se publiquen “a detalle” los milagros de la vida de Diana Spencer (antes de morir, fallida princesa de Gales), y por mucho que hoy se quiera escribir sobre sus dotes de mujer maravillosa —cualidades que nadie duda que tuviese en vida, aunque también se dice que Diana tampoco fue una mujer tan fácil de tratar—, hay un punto que llama la atención por todo el interés que su figura sigue despertando, no tanto a raíz de su muerte misteriosa, sino por la manera en que el fenómeno mercadológico la persigue para explotarla, y al que ya se conoce como el emporio del duelo.
Lo cierto es que a estas alturas ya nadie podría dudar de la agudeza y vivacidad de Diana, que fue sin duda una mujer inteligente y empeñosa que se trazó metas altas imponiéndose siempre el objetivo de lograr sus propósitos. ¿Una prueba tangible de lo que digo? La respuesta es simple: Diana alcanzó, a su corta edad, la noble silla más codiciada de Inglaterra para convertirse, de la noche a la mañana, en princesa.
No voy hablar aquí del tema de la “sangre azul” y esos chistecillos —no es la finalidad— porque ese es un texto para otro artículo; sólo me referiré al triste fenómeno de marketing que la extinta figura de Diana sigue provocando en casi todo el mundo.
Es claro que Diana Spencer siempre quiso manejarse a su manera, y como es natural, estaba en su derecho. Y así, caminando entre dos aguas y viviendo en el cortante filo de una doble vida, entre la estrecha “vigilancia real” y la voluntariosa libertad de su self, Diana se ocupó maravillosamente en labrarse esa imagen de niña buena que a todo mundo conmueve.
Diana promovió colectas para la hambruna, presidió sociedades filantrópicas, desplegó su generoso altruismo en actos multitudinarios donde se codeaba con el populi para dar muestras de su desprendimiento. Diana supo vendernos, pues, la imagen de su mágica sonrisa, de su tierna mirada de preocupación por los desamparados, y un etcétera que no cabría decir en un post como éste. Y todo ello, sin duda, no fue otra cosa que el avispado usufructo de un carisma que buscó autofabricarse para “vendernos” la imagen que quería.
Por otro lado, empero, sabido es que la exprincesa se movía tras los peligrosos entretelones del devaneo, de sus romances promiscuos y de sus amoríos secretos que la llevarían finalmente al divorcio en medio de escandalosas sospechas de adulterio, y aún más, de graves señalamientos sobre la dudosa paternidad real de uno de sus hijos.
A pesar de todo, es un hecho incuestionable que el modo en que Diana manejó su imagen pública y la extraordinaria penetración que tuvieron sus actividades “extra-palacio”, siguen funcionando todavía, ocho años después de su desaparición prematura.
Y hoy que se cumplen en efecto ocho años de aquel terrible accidente en París, de aquel trágico suceso cerca del Sena que conmoviera al mundo, la imagen de Diana vuelve por sus fueros —de hecho nunca se ha ido— en un mercado consumista de iconografías de duelo que amenaza con batir todos los récords de ventas.
Porque hoy, ocho años después, vemos cómo continúa creciendo ese monstruo consumista conocido como el emporio del duelo, un imperio mercadológico de infausto perfil diseñado para vender, para hacer dólares, para explotar un recuerdo que para muchos aún sigue siendo doloroso.
Porque dígase lo que se diga, de Diana Spencer todo lo que se comercialice es exitoso: los libros que se han escrito —no pocos en realidad— han sido grandes éxitos de venta; el mercadeo de sus fotografías es un negocio redondo no sólo en el Reino Unido, sino en muchas partes del mundo. Y otro fenómeno más: el tema del duelo, la canción “Candle in the wind”, que Elton John adoptara y arreglara para sus funerales, es hoy por hoy el single más vendido en la historia de Inglaterra, que no es poca cosa.
Pero en este mundo abierto al consumo, en donde la explotación de las imágenes y el marketing a bocajarro se ha adueñado de las mentes y de los corazones, no podía esperarse menos.
Algo digno para nosotros, los dignos y respetables consumidores.
Es "el emporio del duelo".
Un emporio en donde el cliente siempre tiene la razón.
Diana... your legend ever did.
“Candle in the wind”
Goodbye Norma Jean
Though I never knew you at all
You had the grace to hold yourself
While those around you crawled
They crawled out of the woodwork
And they whispered into your brain
They set you on the treadmill
And they made you change your name
It seems to me you lived your life
like a candle in the wind.
Never knowing who to cling to
when the rain set in.
I would have liked to know you
but I was just a kid.
Your candle burned out long before
your legend ever did.
Loneliness was tough
The toughest role you ever played
Hollywood created a superstar
And pain was the price you paid
Even when you died
All the press still hounded you
All the papers had to say
was that Marilyn was found in the nude
Goodbye Norma Jean
Though I never knew you at all
You had the grace to hold yourself
While those around you crawled
Goodbye Norma Jean
From the young man in the 22nd row
Who sees you as something more than sexual
More than just our Marilyn Monroe
Your candle burned out long before
your legend ever did.
Añadir comentario
ex increible oswaldo aunque no nuevo. celebrar el dia de la madre, del padre, del maestro, del perro y del cotorro viene de ahi ¿no? proble diana, no la dejan dexcanxar en pax
Bueno Diana tenía mucho carisma, eso es verdad. Otra cosa es que los "vivos" se aprovechen de su imagen jeje

