miércoles, 31 de agosto de 2005

La punta visible del iceberg

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Varios años después de acabada la segunda guerra mundial vivía en Kiel un buen médico de la seguridad social, perito de los tribunales y muy campechano él, llamado Fritz Sawade.

A fines de 1959, una “voz misteriosa” advirtió al doctor Sawade que la justicia se vería obligada a detenerle. El hombre huyó, anduvo ocho días errante y por fin se rindió. Resultó que en realidad era el Obersturmbannführer SS Werner Heyde.

El profesor Heyde había sido el organizador médico del programa de eutanasia que, desde 1940 a 1941, hizo 200.000 víctimas alemanas y sirvió de prólogo al exterminio de los extranjeros en los campos de concentración.

A propósito de esta detención, el periodista francés M. Nobécourt, del semanario Carrefour, y que fue al mismo tiempo un excelente historiador de la Alemania hitleriana, escribió :

«El caso Heyde, como tantos otros, se parece a los icebergs cuya parte visible es la menos importante. La eutanasia de los débiles y de los incurables, el exterminio masivo de todas las comunidades capaces de "contaminar la pureza de la sangre germánica", se llevaron a cabo con encarnizamiento patológico, con una convicción de naturaleza casi religiosa que rayaba en la demencia. Hasta tal punto fue así, que numerosos observadores de los procesos alemanes de después de la guerra –autoridades científicas o médicas poco dispuestas a admitir pruebas adulteradas– acabaron por pensar que la pasión política ofrecía una explicación muy débil y que necesariamente tenía que existir, entre los ejecutores y los jefes, entre Himmler y el último guardián de un campo de concentración, una especie de lazo místico.»

«La hipótesis de una comunidad secreta en la base del nacionalsocialismo se ha ido imponiendo poco a poco. Una comunidad verdaderamente demoníaca, regida por dogmas ocultos, mucho más complicados que las doctrinas elementales de Mein Kampf o de El mito del siglo XX, y servida por ritos de los que no se advierten huellas aisladas, pero cuya existencia parece indudable a los analistas (y repetimos que se trata de sabios y de médicos) de la patología nazi.»

No sería creíble, sin embargo, que se tratara de una sola sociedad secreta, sólidamente organizada y ramificada, ni tampoco de un dogma único, ni de un conjunto de ritos orgánicamente constituidos.

La pluralidad y la incoherencia parecen, por el contrario, muy significativas en aquella Alemania subterránea que retratan los hechos. La unidad y la cohesión en todo movimiento, incluso místico, parecen indispensables al occidental que se alimenta de positivismo y cartesianismo.

Pero estamos fuera de este Occidente; se trata más bien de un culto multiforme, de un estado de sobreespíritu (o de subespíritu) que absorbe ritos diversos y creencias mal conjugadas entre sí. Lo importante es alimentar un fuego secreto, una llama viva; y todo es bueno para alimentarla.

En este estado, nada es ya imposible. Se interrumpen las leyes naturales y el mundo se hace fluido.

Había jefes de las SS que declaraban que el canal de la Mancha es mucho menos ancho de lo que indican los mapas.

Para ellos, como para los sabios hindúes de hace dos mil años, como para el obispo Berkeley en el siglo XVIII, el Universo no era más que una ilusión, y su estructura podía ser modificada por el pensamiento activo de los iniciados.

Era como si los nazis siguieran los arcanos de un inexplicable rompecabezas mágico o de una fuerte corriente mística luciferina.

Todo esto puede servir para explicar un gran número de hechos terribles, de manera más realista que la de los historiadores convencionales, empeñados en ver únicamente detrás de tantos actos crueles y delirantes, la megalomanía de un sifilítico, el sadismo de un puñado de neuróticos, y la obediencia servil de una multitud de hombres cobardes.

¿O es que la historia no nos dice la verdad?


Añadir comentario


Hummm, si, en otras ocasiones ya te había leído esta teoría, que por cierto tiene mucho peso. Saluditos Os Chica


Terrible, de ahí que el holocausto no pueda ser explicado del lado de la locura. Esto nos da una pauta para medir hasta donde puede llegar un fanatismo espiritual que desborda cualquier mente.


Entonces Hitler y sus perros eran solo la puntita? Caray!, cuánta maldad hay en el mundoLlorando