jueves, 15 de septiembre de 2005
Predicción de terremotos
El Instituto de Geofísica desarrolla un sistema de monitoreo y evaluación de los cambios en la ionosfera que preceden a los sismos; parte del proyecto incluye la fabricación de un microsatélite.
Eergei A. Pulinets, del Instituto de Geofísica, desarrolla un sistema de predicción de terremotos a corto plazo, para lo que diseñó un modelo que analiza diversos procesos físicos que preceden a sismos de más de cinco grados en la escala de Richter, como las emanaciones de gas radón de la corteza terrestre a los estratos adyacentes de la atmósfera.
“Antes de un sismo —sostiene Pulinets— la corteza terrestre genera más gas radón, cuya radiactividad modifica las propiedades eléctricas (conductividad y campo eléctrico atmosférico) y termodinámicas (temperatura y humedad) del aire. Como respuesta, la densidad, temperatura y composición de la ionosfera (la capa más alta de la atmósfera terrestre) cambian.”
Estos cambios, conocidos como precursores ionosféricos de los terremotos generan también una capa que refleja las radioseñales de FM hasta 300 kilómetros (normalmente, como se propagan en línea directa, éstas alcanzan una distancia de 70 kilómetros).
Estas anomalías físicas han sido registradas por satélites artificiales puestos en órbita con otros fines, receptores GPS (se usan para medir movimientos geotectónicos) e ionosondas verticales terrestres.
En Rusia, Japón, Francia, Taiwán, India, China y Estados Unidos ya se estudian, incluyendo algunas térmicas (aumento de la temperatura del suelo y de la capa de aire superficial) que anteceden a un sismo.
Microsatélite
Como parte del proyecto encabezado por Pulinets, la UNAM, la Universidad Lomonosov de Rusia y el Instituto Aeronáutico de Moscú desarrollarán un microsatélite para detectar las variaciones de densidad electrónica en la ionósfera.
El microsatélite será fabricado con materiales resistentes como el kevlar, kapton, aluminio, birilio y titanio, y pesará menos de 10 kilos. Con él se dará un importante paso en la predicción de sismos.
En el diseño del prototipo participan, por parte de la UNAM, Gianfranco Bisiacchi, coordinador del Centro Tecnológico Aragón, y Salvador Landeros, jefe del Posgrado de Ingeniería. También labora en el proyecto un grupo de estudiantes que aprende la tecnología satelital en Rusia.
Al mismo tiempo se tiene planeado poner en órbita el microsatélite dentro de dos años. El circuito de comunicación incluirá una estación de monitoreo ubicada en Ciudad Universitaria.
Primeros pasos
Por lo pronto se levantará en breve una red terrestre para medir variaciones de radón y cambios térmicos y electromagnéticos. En Coyuca, Guerrero, donde se espera que ocurra un gran sismo tarde o temprano, ya se han instalado sensores con apoyo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).
Asimismo se aprovecha la información que genera la red de receptores GPS que el Instituto de Geofísica tiene en la costa del pacífico mexicano y, a veces, la del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), desplegada en todo el país.
Con el cruce de todos estos datos se hace un mapeo de la ionosfera del territorio mexicano y se estiman las variaciones electromagnéticas que aparecen en ella días antes de un temblor.
“Ahora bien —aclara Pulinets—, esto permite realizar trabajo de campo, hacer ciencia, pero no predecir terremotos. Un sismo puede ocurrir en cualquier momento. Por eso debemos contar con la infraestructura y los recursos económicos y humanos necesarios para operar el sistema de predicción de terremotos a corto plazo, es decir, para monitorear en tiempo real, las 24 horas de los 365 días del año, dichas variaciones en la ionosfera.”
El científico ruso trabaja también en el desarrollo de métodos prácticos para determinar tanto el epicentro de un futuro terremoto, como su magnitud.
Aportación
A diferencia de la alarma sísmica, el sistema de Pulinets permitirá saber, con días de anticipación, la ocurrencia de un sismo mayor de cinco grados en la escala de Richter. Sin embargo, el investigador no promete predecirlo con absoluta exactitud.
“Habrá que probarlo muy bien –apunta– para no crear falsas alarmas que pueden ocasionar más daño a la población que un temblor real.”
De tener resultados positivos, se podría aplicar en todas las áreas sísmicas de México e incluso exportar a otros países.
Que así sea.
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Todo lo que sea cultura preventiva de desastres debe ser apoyada por los gibiernos...pero me late que no en todas partes piensan lo mismo

