jueves, 15 de septiembre de 2005
¿Hablamos del absurdo…?
Ya no existe la lógica del «sentido común». En la nueva física, una proposición puede ser a la vez verdadera y falsa.
AB ya no es igual a BA. Una misma entidad puede ser a la vez continua y discontinua. Sería ya inútil apelar a la física para condenar tal o cual aspecto de lo posible.
Tomemos una hoja de papel. Hagamos en ella dos orificios a muy poca distancia uno de otro. Es evidente para el sentido común, que cualquier objeto lo bastante pequeño para pasar por estos agujeros, pasará por uno u otro de ellos.
A los ojos del sentido común, un electrón es un objeto. Posee un peso definido, produce un destello luminoso al chocar con una pantalla de televisión y un golpe cuando choca con un micrófono. Ya tenemos un objeto lo bastante pequeño para pasar por uno de nuestros orificios.
Ahora bien, la observación con el microscopio electrónico nos enseñará que el electrón ha pasado a la vez por los dos agujeros. ¡Cómo! ¡Si ha pasado por uno, no puede haber pasado al mismo tiempo por el otro!
Pues sí, ha pasado por los dos. Es una locura, pero se ha comprobado experimentalmente.
De los intentos de explicación han nacido diversas doctrinas, en particular, la mecánica ondulatoria. Pero la mecánica ondulatoria no logra explicar totalmente un hecho tal que se mantiene fuera de nuestra razón, la cual no puede funcionar más que a base del sí o el no, de A o de B.
Para que pudiéramos comprender, habría que modificar la estructura de nuestra raza. Nuestra filosofía exige la tesis y la antítesis. Hay que creer que, en la filosofía del electrón, tesis y antítesis son verdaderas a la vez. ¿Hablamos del absurdo?
El electrón parece obedecer a leyes, y la televisión, por ejemplo, es una realidad. El electrón, ¿existe o no?
Lo que la Naturaleza llama existir no tiene existencia a nuestros ojos. El electrón, ¿es ser o es nada? He aquí una pregunta absolutamente falta de sentido.
Así desaparecen, en el extremo del conocimiento, nuestros métodos de pensamiento habitual y las filosofías literarias, nacidas de una visión anticuada de las cosas.

