Como los cadáveres que salen a flote después de la riada, por primera vez ha quedado al descubierto que la enfermedad social de la América profunda no es un cliché de los años 80; una realidad que la mayoría de los medios de comunicación se ha visto obligada a ocultar o soslayar, en un pueril intento por censurar el hecho de que el huracán Katrina haya sorprendido al país más poderoso del planeta, para dejar al descubierto las injusticias y la impotencia de un modelo de sociedad.
Cuando el presidente Bush reiteró que durante las misiones de rescate y evacuación en Nueva Orleáns el "componente racial" no había sido la causa de la tardanza o el olvido, nadie pudo dejar de evocar la rabia e indignación del alcalde Ray Nagin cuando éste estalló al exigir que alguien "moviera el trasero" para tratar de rescatar a los más pobres, a aquellos a quienes la miseria les había condenado antes de que Katrina golpeara las costas de Nueva Orleáns, mientras los más ricos huían despavoridos con fortunas, joyas y seguros de vida en la cajuela de sus automóviles.
Para una larga lista de medios de comunicación internacionales, el acceso a las operaciones para rescatar los cuerpos de las víctimas fue una misión fallida. A la prohibición de fotografiar muertos se ha sumado en el curso de las últimas horas la de capturar las imágenes de los desplazados en los refugios que se han improvisado en distintos puntos de Louisiana, Mississippi y Texas.
Las instrucciones emitidas desde la Casa Blanca para evitar que las imágenes de muertos y refugiados sean difundidas por los medios, se aplican a rajatabla bajo el argumento de que "los muertos o desplazados deberían ser tratados con dignidad".
"Lo siento, pero no puede acercarse a menos de 300 metros de distancia. Tenemos instrucciones de no permitir que los medios tomen fotos de muertos", le dijo a este enviado el mayor Earl Hackney, mientras elementos de la Guardia Nacional ayudaban a evacuar los cuerpos de pacientes que murieron olvidados en las salas del Memorial Medical Center de Nueva Orleáns.
Para organizaciones como el Visual Journalism Group y agencias noticiosas como Reuters, "todo apunta a un intento del gobierno y de la FEMA (ambos ferozmente criticados por su tardanza) por minimizar el impacto visual de la tragedia", al igual que ocurrió con los primeros féretros de soldados llegando desde Irak.
Sin embargo, para una larga lista de analistas políticos en esta ocasión ni el control mediático, ni la autocensura que han experimentado las más poderosas cadenas de televisión han impedido que el caos y las desigualdades sociales que han salido a flote en Nueva Orleáns hayan llegado hasta el último rincón del planeta.
A pesar de los esfuerzos del presidente Bush por ocultar el abismo que aún existe entre el norte y el sur en este país, y descontaminar de todo tufo racista las actuaciones de las autoridades durante la crisis del Katrina , una larga lista de preguntas sigue poniendo en tela de juicio el papel que han desempeñado el gobierno y algunos medios de comunicación que han preferido pasar de puntillas sobre la "cuestión racial" y han obviado la coexistencia del primer y el tercer mundo en Nueva Orleáns.
Para algunos de estos medios, las preguntas que sigue lanzando el alcalde Ray Nagin suponen un aldabazo para sus políticas informativas. Las contradicciones que se agolpan en el horizonte no dejan de perseguir al presidente Bush, que hoy mismo planea por debajo del mínimo histórico de 40 por ciento en los sondeos de opinión.
"¿Cómo explicar que un estado como Louisiana, con más de 18 mil millones de dólares de presupuesto y un país con un presupuesto de varios trillones de dólares, no hayan sido capaces de aportar una cantidad suficiente de autobuses para desalojar a los más pobres y desprotegidos antes que golpeara Katrina Nueva Orleáns?", se pregunta a sí mismo Ray Nagin en una entrevista a The Times Picayune , el más importante periódico de Nueva Orleáns.
"Mientras más lo pienso se responde a sí mismo más me convenzo de que, en medio de esta tragedia, el factor raza y clase social jugaron un papel fundamental", asegura Ray Nagin.
Mejor censurar que enfrentar la verdad.