lunes, 19 de septiembre de 2005
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Arriba, un bosque de coníferas. Abajo, unas grutas que guardan el fluir de un río subterráneo y caprichosas formaciones rocosas que, en palabras de los locatarios chiapanecos, se descubre una nueva cada vez que se ingresa a las meras entrañas de la tierra.

Quizá no sean tan famosas como las de Cacahuamilpa, en Guerrero; las de García, en Monterrey, o las de la Estrella, en el estado de México, pero las grutas chiapanecas de Rancho Nuevo ofrecen un atractivo extra que las hace diferentes a las demás: murciélagos rondando a unos metros de nuestras cabezas.

La experiencia suena quizás un poco descabellada, ¿a quién le puede gustar que un pariente de Drácula le ronde el cuello?, pero lo cierto es que cientos de turistas que visitan San Cristóbal de las Casas, aprovechan un tiempecito para caminar a 450 metros de profundidad, sobre un camino húmedo, semi iluminado y pavimentado de un kilómetro.

Si usted desea verlos en mayor cantidad, acuda por la tarde. Seguramente una niña tzotzil le preguntará a la entrada de la gruta si desea el servicio de guía: “Claro, ¿dónde lo solicito?”. “Soy yo, véngase, yo le enseñaré dónde están las mejores figuras y los vampiros voladores”. “Okey”.

La boca de ingreso no rebasa los tres metros de ancho y dos de alto. La niña, de nombre María, alumbra con una linterna una de las paredes de la gruta y dice que ahí está la cabeza del león, “ya la vio, verdad”. Unos metros más adelante: “Esa es la cara de Cristo”. “Mmm”. “Acá se ve la botella“. Esa se parece más.

Celosas de su trabajo, otras niñas no dejan que su explicación las escuche alguien que no haya solicitado sus servicios, pues al mínimo acercamiento, dejan de explicar, claro, había que pagar primero y no oír de gratis.

Lo cierto es que uno puede encontrarles miles de formas a las formaciones caprichosas que la madre naturaleza ha formado durante miles de años, en conjunto con las estalagmitas y estalactitas. Pero, ¿cuál es cuál?

La diferencia entre estalactitas y estalagmitas es que las primeras son las que nacen del techo, las segundas las que se forman debajo de una estalactita por el goteo de ésta.

Las formaciones se dan por el goteo de agua con sales minerales y a través de los años van formando columnas huecas; podemos constatarlo en las puntas de las estalactitas si proyectamos la luz de una lámpara. Por el contrario las estalagmitas son formaciones sólidas, pues por ellas no corre el agua sino que al contrario, escurre.

Por eso las figuras siguen y siguen mientras más se avanza: “Ésto que se ve allá arriba es el foco, este de acá es el árbol, la rana, el camello...”

Conforme se avanza, la oscuridad cae a plomo sobre la gruta, tanto que en algunas partes apenas es perceptible el barandal de apoyo. Si hay poca gente, el silencio se deja sentir en mayor medida junto con los chillidos de los murciélagos. “Mírelos, no le dije que había”, replica María. Lo cierto es que las lámparas de los asistentes no dejan de alumbrar a esos seres voladores como sacados de la última película de Batman.

A la salida de la gruta, un guardia me explica que habitan tres clases de murciélagos: “Los que comen insectos, los que comen frutas y los que se alimentan de la sangre de mamíferos; el guano de estos últimos tiene un penetrante aroma a amoniaco”.

María espera su propina, claro, bien ganada se la tiene por mostrarme aquellos vampiros voladores.
Publicado por CarmenVives_24 @ 22:08
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Comentarios
Publicado por Nubeblanca77
lunes, 19 de septiembre de 2005 | 22:11
WOWO, Carmen, estas cavernas las visité hace años y son bellísimas y misteriosas. Las recomiendo. Aparte del rico clima que hace en San Cristóbal, dentro hace un frío tremendo. También hay servicio de acampado y de montura de caballos y un tobogán enorme que te hace sentir náñarasss. Todo un tour inolvidable.Flash
Publicado por Sayuuz
miércoles, 16 de noviembre de 2005 | 18:51
Mnnn, me late que me daré una vuelta nomás que arreglen las carreteras jeje:]