lunes, 19 de septiembre de 2005
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Como “Tierra Santa” es conocido este territorio que desde 1948 pasó a ser el Estado de Israel. Mucha historia y muchos pobladores han pasado por esta zona, antes de su actual denominación, emanada de aquella Declaración de Balfour del 2 de noviembre de 1917.

Tras la ocupación inglesa, luego de la I Guerra Mundial, se comenzó a gestar la reubicación de los judíos a lo que ellos denominan la tierra prometida. Gran Bretaña aseguró “establecer el hogar nacional para el pueblo judío”.

Seguramente, las palabras de Abraham, registradas en la Biblia católica y en la Torá judía, impulsaron el interés de los israelíes en conseguir el territorio, que desde su perspectiva les pertenece. Siguiendo estas palabras han luchado y continúan manteniendo un conflicto religioso por razones que la cultura occidental difícilmente pueda comprender.

“Y el Señor dijo a Abram: Vete de tu tierra de entre tus parientes y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendigan y al que te maldiga, maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra” (Génesis 12:1-3).

El mandato de Abraham no fue tan fácil de conseguir, y las consecuencias de éste fueron quizás peores. Para el momento del establecimiento del Estado israelita ya existía una mayoría de pobladores árabes que han estado allí desde finales del siglo VII. La historia de los “palestinos” transcurrió bajo el mismo pedazo de tierra que una vez habitó el reino de David y Salomón.

Sin embargo, sus diferencias religiosas, acobijadas bajo la doctrina del islam no les permitieron comulgar con los pensamientos de los judíos. La definición de quién llegó primero o a quién le corresponde estar allí es un tema de nunca acabar y las controversias que genera son cada vez mayores. Pero el hecho es que a ambos grupos les pertenece parte de la historia que se ha desarrollado en esta zona de sólo 20.770 kilómetros cuadrados.

Con la creación del Estado de Israel, los palestinos perdían los derechos, la soberanía y la nacionalidad a la cual estaban acostumbrados desde varios siglos atrás y frente a este hecho su reacción ha sido radical.

Desde ese momento se originó “la guerra santa” y los antagonismos de esas dos palabras se fungen en una simbiosis en la que la lucha religiosa justifica cualquier medio por conseguir la victoria.

La guerra de Suez, la de los seis días y la de Yon Kipur transcurrieron en menos de veinte años, luego de la creación de Israel. En todas ellas, los árabes intentan que les sean devueltas las tierras arrebatadas y los judíos pretenden establecer el dominio de aquella que les corresponde por mandato divino. De esta forma, nadie cede y todos pierden.

Los fanatismos de lado y lado se agigantan, el etnocentrismo y la intolerancia hacen de las suyas, en una dolorosa convivencia, en la que inocentes pagan con sus vidas el precio de vivir en esta tierra.

Las treguas se siguen intentando e iniciativas como la “Hoja de Ruta” que trató de mediar en el conflicto al tratar de conseguir la estrategia que definitivamente logre la paz y convierta este territorio en verdadero símbolo de santidad.

Por ahora, los intentos han sido fallidos y hasta que los extremismos no se apacigüen, la solución menos se vislumbrará.
Publicado por Nubeblanca77 @ 23:11
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Comentarios
Publicado por Colombinah
lunes, 19 de septiembre de 2005 | 23:31
Si, qué triste...ojalá y arreglaran propnto sus diferencias para siempre.
Publicado por Sayuuz
miércoles, 16 de noviembre de 2005 | 19:20
Se ve dificil, pero no imposible. Veremosloco