Con su nueva historia en ciernes le será más fácil a Dan Brown continuar por el derrotero del mundo occidental y enfrentarse a la cábala judía o a la masonería, a través de su personaje Robert Langdon, de las novelas
Angeles y demonios y El código Da Vinci, que han resultado ser un fenómeno de ventas multimillonarias a lo
Harry Potter.
Y se informa, precisamente en la Internet, que el autor está escribiendo un nuevo
thriller, situado en Washington D.C., con el tema de la masonería.
Esta es la más antigua confraternidad ininterrumpida que se conoce en el mundo, la enigmática hermandad de los Masones. Y sin embargo, es bastante pública, como el Opus Dei, sociedad que aparece en el libro
El código Da Vinci, pues tiene edificios impresionantes en todas las ciudades, y reuniones, aunque secretas y privadas, reconocidas por sus miembros.
Los Masones, según algunos documentos, están vinculados con los "illuminati", o alumbrados, que es la sociedad secreta culpada en
Angeles y demonios de cometer los asesinatos y torturas de los cardenales, aprovechándose de un descendiente de los antiguos "Hassasins", un musulmán asesino en serie, que era una secta supuestamente asociada a los Templarios.
En la masonería, el miembro que llega a alcanzar el grado 33 se le considera un "iluminado". Para esa hermandad, un "iluminado" es un masón maestro que ha recibido la "luz" más alta que la masonería puede dar. Es el maestro de los maestros del Templo.
Los símbolos que utilizan los masones, el de la pirámide y el ojo, el compás y el cartabón y la geometría, son supuestamente también parte de las creencias de los "illuminati".
El centro de esta mandala es el "ojo que todo lo ve", en las tradiciones seculares de la francmasonería y de los rosacruces. Los ocultistas, como H.S. Wickoff (
The Mystic Light, en The Rosicrucian Magazine), se vanaglorian de que sea el centro del Gran Sello Americano y aparezca en el poderoso billete norteamericano: el dólar.
La forma de las torturas con hierros candentes que sufrían los condenados considerados heréticos en la época medieval a manos de la Inquisición, es repetida por el asesino en la novela a modo de revancha.
Pero también hay una alusión a las iniciaciones de los masones, que están arraigadas simbólicamente en las prácticas de la Inquisición, por las que hacen pasar a sus noveles miembros, como se muestra en las fotos del libro
The Hiram Key, de Christopher Knight y Robert Lomas.
Ahí se ve que al iniciado le vendan los ojos y le ponen una soga de ahorcado al cuello, entre muchas otras señales en la vestimenta. En todo ese tiempo de la iniciación los autores cuentan que se encontraban en un estado de oscuridad hasta que surgió la "luz", y el objetivo general de la ordalía es enseñarles el modo como deben morir, siempre fieles a los secretos.
Según Knight y Lomas, los masones también se relacionan con los templarios en la tradición gnóstica, y éstos son muy importantes en
El código Da Vinci, pues cuidaron el templo de Salomón y los secretos que allí descubrieron, construyeron iglesias en Europa con signos secretos, y se ocuparon de edificar además la abadía de Notre Dame du Mont de Sion, encima del Monte de Sión en Jerusalén, por orden expresa de Godofredo de Bouillon, el director de la orden.
Según el libro
El enigma sagrado, de M. Baigent, R. Leigh y H. Lincoln, se supone que es allí donde surgió la Orden de Sión, al igual que se estableció la Orden del Santo Sepulcro cuando edificaron esa Iglesia.
En la historia de Estados Unidos la masonería ocupa un lugar importante. El 18 de septiembre de 1793, George Washington puso la piedra angular del Capitolio y él y los que lo rodeaban vestían las togas masónicas.
En el libro
Angeles y demonios, cuando el reportero de televisión espera a George Bush padre, pensando que él será quien venga a resolver el conflicto, es porque este expresidente habló del "nuevo orden mundial" en sus discursos. Esta frase es igual a la que dicen los dólares, debajo del gran sello de la pirámide,
novus ordo seclorum, (nuevo orden de los siglos) y lo mismo que predican los "Illuminati", según dice Robert Langdon en
Angeles y demonios.
Según Knight y Lomas, el símbolo de la pirámide es muy antiguo, viene de Egipto, de los tiempos de Sequenenre Tao, y representa a Dios (sic), en la forma de Amon Ra, con el ojo que todo lo ve.
Es ésa la forma que aparece en el reverso de la figura del hermano masónico George Washington en el dólar, y la que aparecía antes en los billetes de dos dólares, con el rostro de otro masón, Benjamín Franklin.
Una pesquisa intrigante.