El 14 de mayo de 1897, entre las poblaciones de Laverck Point y la isla Fratholm, en el canal de Bristol, se realizó la primera comunicación telegráfica inalámbrica.
El impulsor de este avance tecnológico fue Gugliermo Marconi, un físico italiano, que logró establecer contacto entre las dos ciudades, separadas por unos cinco kilómetros de distancia.
La aparición de este medio de comunicación respondía a una sucesión de descubrimientos que comenzaron a finales del siglo XIX, y que tienen su origen en la aparición de los estudios de James Clerk Maxwell, en 1867.
Él desarrolló la teoría electromagnética y daba un paso adelante en la posibilidad de crear este tipo de ondas y propagarlas en el espacio.
En 1887 el alemán Heinrich Hertz realizó los experimentos necesarios para confirmar esta teoría. Para ello, radió y estudió las ondas electromagnéticas con su oscilador y un resonador, y de esta forma obtendría la primera transmisión sin hilos, que se denominarían ondas hertzianas.
Sin embargo, no tuvo resultados prácticos muy satisfactorios, porque el resonador solamente podía funcionar a muy corta distancia del aparato que las producía.
Así se llega hasta la construcción del primer cohesor, que comprobaría la presencia de ondas radiadas, y que sería utilizado por todos los investigadores que entonces deseaban obtener la comunicación sin cables.
Esta investigación fue realizada por el francés Branly, en 1890. Con el aparato de Branly podían captarse las ondas hertzianas a distancias mucho mayores que con el resonador de Hertz, pero, aún no se podían obtener aplicaciones prácticas.
El ruso Popov realizaba también estudios relacionados con el tema y logró el mejor sistema para enviar y captar ondas, la antena. Guglielmo Marconi se convierte en Premio Nobel de Física en 1909, tras unir todos esos descubrimientos y experimentar con el resonador de Hertz, la antena de Popov y el cohesor de Branly, logrando una transmisión telegráfica sin hilos a distancia. Patentando así el invento en 1896.
De esa primera comunicación se desprendieron una serie de avances tecnológicos, que poco a poco mejoraron la calidad de este medio y tácitamente el alcance que tendría. Grandes invenciones fortalecerían así el descubrimiento y permitirían llegar a lo que hoy en día conocemos como radio.
De éstas podemos contar: la válvula termoiónica, la modulación y el transistor. Fue así, como después de un gran escepticismo, y luego de numerosos años de sondeo, la radio consigue su masificación.
¡Albricias!